MI VIDA COMO CELEBRITY: LAS PLATAFORMAS

Hola queridas ¿me habéis echado de menos?. Siento llevar tanto tiempo sin contaros nada de mi vida como celebrity pero es que he estado realmente ocupada: fiestas, compras, viajes, novios, en fin, miles de cosas por hacer.
Mi última adquisición son las botas con plataforma de Nina Ricci. Son lo más. Con ella estaré realmente divina y como me corresponde: diez centímetros por encima del la plebe. ¿No se compran los hombres coches todoterreno para conducir por la ciudad con el fin de mirar por encima al resto de conductores? Pues ala, yo con mis plataformas conseguiré estar a la altura de las modelos y… de los modelos. Jon, cariño, prepárate para mi estrategia de acoso y derribo.
Las estreno esta noche en un fiestón que se celebra en el centro. He probado por casa a caminar con las plataformas, pero no consigo dar más de dos pasos sin apoyarme en la pared. Así que llamaré a mi amigo Paul para que me haga de punto de apoyo. Un amigo gay siempre resulta más fashion que una muleta.
Quedamos a las ocho en mi casa y nos viene a buscar la limusina (las entradas en las fiestas tienen que ser por todo lo alto, como mis plataformas). Pero según nos acercamos a Cibeles hay un atasco de no te menees. Así que mi amigo Paul tiene la “genial” idea de parar e ir caminando hasta la fiesta.


Entre mi vestido tubo y las plataformas mis movimientos son muy lentos, pero eso sí, supersofisticados. Camino con una mano en el hombro de Paul mientras cruzamos la calle, pero los semáforos en Madrid son diabólicos: apenas se ha puesto en verde cuando ya empieza a parpadear, sin dejarnos cruzar a tiempo. ¿Digo dejarnos? Será dejarme, porque el gallina de Paul ha salido corriendo antes de que los coches nos atropellaran, dejándome a mi sola e indefensa ante varios conductores cabreados que me pitan para que me quite de en medio.
Aún no sé como, pero termino llegando sana y salva al otro lado de la calle. Eso sí, Paul se queda sin el bolso de Prada que le prometí. Espero que no me deje colgada en la fiesta. Necesito su ayuda para desplazarme.

Según llegamos al photocall veo por los flashes de los fotógrafos que los zapatos han causado sensación.
Una vez en la fiesta y con mi copa en la mano veo mucho mejor el panorama. Tengo una visión privilegiada de todo el mundo para cotillear a gusto. Pero, ¡mierda!, tampoco yo paso desapercibida y resulta difícil huir con estos tacones, así que soy presa fácil de la pesada de turno, una periodista del corazón que quiere que le ponga al día de los cotilleos de Manhattan.
Por el rabillo del ojo veo que Jon Kortajarena ha entrado en la fiesta y le pido a Paul que me conduzca hasta él (Paul encantado, ya ves tú).

Justo hay tres escalones que me separan de mi destino deseado y que me provocan una espectacular caída en pleno meollo de la fiesta.

Creo que me he torcido en tobillo, me duele muchísimo, no puedo levantarme ni andar (bueno, ninguna novedad respecto a mi situación pre-caída). Paul es un cielo y llama a una ambulancia. Todos se acercan para preguntar por mi estado, incluido Jon que se preocupa por mi tobillo y me ofrece hielo. ¡Qué majo!.
Pero desgraciadamente, mi gran noche se acaba temprano y en un hospital. Menos mal que mi médico está cañón, y me venda él mismo mi tobillo tan delicadamente que no me queda más remedio que darle mi número. Tengo el tobillo hinchado y agujetas en las piernas del esfuerzo, así que no podré llevar tacones en una semana, ¡pero tengo una cita!.
Postdata para los chicos: Desde que vimos a George Clooney en Urgencias todas las mujeres tenemos fantasías eróticas con médicos de bata blanca.


Postdata para las chicas: Mis plataformas de Nina Ricci están a la venta en Ebay. La cita romántica con el médico no va incluida.


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