Severidad, El Arte Del Corregirse
Me pregunto sobre la autocontención y el arte de corregirse. Sobre esa gente que uno es consciente de que no es lo que aparenta pero que, al mismo tiempo, disfruta con el papel que aparenta. La autocorrección está, a mis ojos, más ligada con la severidad y lo espartano que con el snobismo y el arribismo quizás, por ese matiz de control en vez de desfase o por esa sutil marginación de los excesos, de lo accesorio, de lo profuso y vano -aunque sea glorioso-.

Veo a damas femeninas que en el fondo -y no tan en el fondo- tienen algo de artificial, de conceptual, de personaje de tragedia griega. Tienen algo de Artemisa… algo masculino, algo lejano, algo distante. Desde luego, más emparentado con el varonil Apolo que con la alocada y volubre Afrodita.

Se respira en ellas esa vena de corrección, de ultracorrección que nace sin ser afectada y no acaba de morir. Tiene algo de melancólico señorito y al mismo tiempo algo de chulo de calle, algo profano y algo maldito. Tiene también algo de maniaca meticulosidad, de loco escrúpulo sin caer en el exhibicionismo extraño al estilo bohemio. Pero, al mismo tiempo, tiene algo de guarida y subterfugio… algo de reina y verdugo.

Inevitablemente me recuerda a la bíblica Tamar que se cubre el rostro -aka se hace pasar por prostituta- para “yacer” (¿yacer?) con su suegro y cuando queda encinta -¿?- es acusada de adulterio. Su suegro quiere apedrearla y, ella dignísima -a la vez que puta- saca el manto y el bastón del hombre con el que yació y, su suegro, avergonzado y al mismo tiempo maravillado, es consciente de que es ella la justa. La única persona justa…

Me recuerda a ella porque tiene ese halo de dignidad y al mismo tiempo de contracción que tiene quien hace algo porque debe hacerlo sin querer hacerlo y por lo que recibe alegría y sufrimiento a partes iguales…

Hablaría de una naturaleza dual, de un complejo más dramático que el de Victor Victoria y de algo más humano -mucho más humano- que la androgeneidad. Pero, no es exactamente la fusión de dos polos que se unen. Esto no es hielo que arde ni fuego que hiela. Tampoco es potencia ni naturaleza sino más bien un artefacto que tiene algo de humano y algo de máquina.

Tiene algo de corazón y algo de eléctrico… Algo de lejano, de inalcanzable y al mismo tiempo esa convicción de que puedes poseerlo como quien compra algo aunque no de forma total. Tiene algo de pervertido y algo de puro, de dignísimo, de exageradamente limpio. Tiene algo de maldito y algo de bendito. Algo de delito y algo de acto de buena fe…
Y se ve… no hay más que mirar a la naturaleza dividida y fascinada por sus impulsos… no hay más que mirar la dura, la cruel, la taimada realidad que unas veces arponea y otras deleita. No hay más que intuir lo que el ojo atisba y el alma sabe….

No hay más que decir…
Bueno, quizás eso de que nada te turbe y nada te espante.
Pero, en todo caso, es otra historia…
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- Date:
- 12.16.09 / 7pm
- Category:
- blogs de moda

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