GUAPA!!!
Cualquier día de diciembre, siete de la mañana, tres o cuatro grados de temperatura, las calles desiertas y una llovizna absurda estropeándote la melena como telón de fondo.

Tú caminas por la calle Orzán, medio dormida y al borde del colapso, tratando de recordar si lo que rociaste en tus axilas era desodorante o laca para el pelo. Estás cansada, quieres volver al calor de la cama, y lo único que te impulsa hacia el despacho es la certeza de que al menos en la oficina hará algo más de calor que esta gélida calle en pleno mes de diciembre.
Mientras sigues dándole vueltas al dilema del desodorante al tiempo que recapacitas mentalmente sobre la cantidad de asuntos pendientes que dejaste ayer sobre la mesa, un hombre de mediana edad sale a tu paso.
Ni guapo, ni feo, ni gordo, ni flaco, ni alto, ni bajo… un tío normal. Se cruza por tu camino en medio del desierto de asfalto que son las calles a esas horas intempestivas de la madrugada, y, como quien no quiere la cosa, te mira de soslayo y suelta:
“Eres lo más bonito que he visto esta mañana”
De repente, ese tío normal te parece un cruce perfecto entre George Clooney e Ewan McGregor. Se ha convertido en un super héroe. Sigue haciendo un frío de cojones y la maldita lluvia aún está estropeando lo que pretendió ser un precioso alisado, y desde luego tus dudas acerca del desodorante siguen ahí, pero en este momento te importa un cuerno. Porque ese desconocido que igual es un asesino a sueldo, o incluso algo peor, ha dicho que eras lo más bonito que había visto esa mañana, y todo lo demás ha dejado de tener sentido en tu existencia.
Tal es el poder del piropo.
Yo, después de esta experiencia religiosa, he llegado a la conclusión de que los piropeadores, independientemente de su sexo, condición o etnia, deberían estar subvencionados por el estado. Porque, a ver, nos gastamos miles de euros en levantar una y otra vez la misma calle, que a veces me planteo si la cuestión será arreglarla o recuperar algo que se dejó dentro un operario la última vez, y no invertimos ni un solo céntimo en levantar la moral de las personas humanas que, como yo (o sea, como casi todos) nos pegamos unos madrugones inhumanos para ganarnos el sustento… y lo que no es sustento también.
Y esto lo digo yo, que siempre he presumido de “feminista” en el sentido menos extremo de la expresión. Pero es que yo soy de las que cree que los piropos son como los boomerangs, de doble dirección. De hecho, las mujeres deberíamos animarnos más y soltar algún que otro piropo a los hombres, que hay por ahí alguno que se los merece!!
El piropo, amigos, es un bien que debería ser nacionalizado, y que además, en los últimos tiempos, parece estar en peligro de extinción. Se ha perdido esa costumbre tan maravillosamente halagadora de llamar “guapa” a la morena que pisa con garbo, y eso es a todas luces inexcusable. Y lo mismo digo de la escasez de “tío bueno” que se escuchan últimamente.
Yo creo que el mejor piropo que se puede decir es siempre el más sencillo, porque suele ser el que suena más sincero –aunque sea más falso que un euro de gominola-, y por lo tanto suele resultar más efectivo. Un “guapa” a tiempo es siempre un triunfo. Aunque, como en casi todo, hay tantas variedades que es imposible no encontrar uno que te guste.
Hay piropos literarios, de esos elaborados, del tipo “no te miro a los ojos, por si me convierto en piedra”, que suelen resultar un poquito empalagosos pero que son perfectos para el día en que uno se siente romanticón y embobao.
Hay piropos físicos, de esos que salen de las entrañas, que a veces rozan un poco la chabacanería pero que son de lo más estimulantes en los días grises en que te sientes juguetón. A esta categoría pertenecen frases que son ya patrimonio de la humanidad, como “eso es carne y no lo que echa mi madre al cocido”.
Luego están los piropos originales, los que tienen un puntito de elaboración casera, como aquel que me soltó una vez un obrero madrileño –grandes profesionales del piropeo donde los haya-, “eres más bonita que la navidad y la pascua juntas, niña”.
Están también los piropos sexuales. A mi estos son los que menos me gustan, por evidentes. Yo es que soy más de lo sugerido, lo translúcido, lo que deja espacio a la imaginación. Pero comprendo que habrá quien adore las frases esas de “si tu culo fuera azucar sería diabético” o “te comía entera, vestida y todo, aunque cagara trapos un mes”.
Mis favoritos son los piropos inesperados, los que te pillan por sorpresa. Y, dentro de esta categoría, los piropos interactivos son mi perdición. Esos en los que es necesario que tú intervengas de algún modo. Por ejemplo, paseas por la calle, y un chico te para para. Parece que te va a pedir la hora, pero te pregunta algo así como “¿tú sabes quién es el presidente del gobierno?”. Como le ves cara de agobio, respondes, pensando que está perdiendo una apuesta, o algo así, y una vez que has contestado, te suelta “o sea, que la perfección existe: guapa y lista. Qué maravilla” (esta historia es real, y me encanta recordarla!!! Jajajaja)
En España existen verdaderos profesionales del piropeo, y no me refiero sólo a los obreros, que son, sin duda, y así generalizando, los grandes maestros de este arte casi olvidado. Hay también mujeres especialistas en hacer sentir a los que las rodean que son los más bellos, los más maravillosos… vamos, el no va más.
A esta gente deberíamos tenerlos a sueldo del estado, porque contribuyen indiscutiblemente a la buena marcha del país. No es lo mismo llegar a la oficina de mala hostia que con un “guapa” en el recuerdo reciente, la verdad. Del mismo modo que no es igual llegar a casa cabreado que hacerlo con la imagen de la chica de la parada de autobús diciéndote “morenazo, esos sí es un cuerpo y no el de bomberos”.
Hasta las parejas deberíamos dar propina a estos altruistas ángeles, que convierte la anodina convivencia en un excitante viaje. Porque claro, a una le entran el doble de ganas de fiesta conyugal cuando en sus oídos aún resuena el piropo que acaba de soltarle el frutero, por poner un ejemplo cercano.
Por todo esto, señores, me estoy planteando seriamente elevar a la Cortes una Proposición de Ley que regule el piropeo patrio, lo remunere convenientemente y obligue a que en todas las calles, en todas las aceras, en cada una de las solitarias esquinas mañaneras de los pueblos y ciudades de esta España que habitamos haya apostados un hombre o mujer que nos deleite con un piropo en los días grises.
Estoy convencida de que la Seguridad Social ahorraría millones en Prozac.

SUENA EN MI I-POD: “They don´t belive”, un tema precioso de Russian Red contenido en el primer álbum de esta madrileña tan naif, “I love your glasses”. Me gustó bastante su directo en el Colón de hace unas semanas, muy entretenido, la verdad. Indie pop de corte folk para las noches lluviosas de invierno.
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- Date:
- 01.08.10 / 8am
- Category:
- blogs de moda
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