EL EFECTO "POYAQUE"

Me lo advirtieron.

Me dijeron “no te metas, que es peor”… pero yo soy una mujer adicta al riesgo, me encanta meterme en jardines de los que no sé cómo salir. Así que cuando mi casero dijo “sí, quiero” a la renovación del contrato de alquiler, yo dije “pa´lante como los de Alicante”… y me metí en reformas.

Sí, sí, que ya lo sé, que es una estupidez enrome, pero comprendedme… las ansias de cambio pudieron conmigo… yo qué sé, año nuevo vida nueva y todos esos tópicos absurdos. El 2009 fue bastante asqueroso en casi todos los sentidos, y después de renovar mi fondo de armario, mi zapatero, y hasta el color de mi pelo, ya sólo me quedaba darle una vuelta al apartamento para convertir mi vida en un nuevo escenario.

Y encima estaba “lo demás”… “Lo demás” son todas esas cosas que se van acumulando durante años de vida en una casa antigua, aunque remodelada: humedades fruto de las goteras de la terraza, desconchones fruto de las citadas humedades, el desgaste inevitable de unos electrodomésticos de gama más bien baja –o sea, el equivalente a la Serie Z de las pelis de los 70, vamos-…. Esas cosas.

Todo comenzó con la necesidad de pintar el dormitorio. Porque esto sí, os lo juro, es una necesidad. Empezamos a pensar en el color de la pared principal y terminamos conviniendo que, si pintábamos, lo suyo era instalar calefacción para evitar futuros problemas de humedades en nuestra recién estrenada pared. Y claro, si metes calefacción en el dormitorio, no vas a dejar en pleno Ártico el salón: pues ea, dos radiadores en lugar uno, que los regalan, oiga.

Cuando ya teníamos decidido este punto, recordé que la mampara de la ducha no cierra muy bien… y total cambiar una mampara es una chorradita, que se hace en un pis pas… pues ea, mampara al canto… y cubretendales, que te los hacen en la misma tienda.

En estas estábamos P. y yo cuando la nevera comenzó a hacer ese ruido que tanto le gusta a ella… como de morirse, agonizando, vamos, y nos dijimos “oye, igual había que cambiar la nevera, la lavadora, que tiene la puerta estropeada y en cualquier momento nos inunda la cocina”… y claro, eso sí que no. Pero oye, ya que decides cambiar eso, no te cuesta nada meter unos eurillos más y poner un lavavajillas, que nos hace mucha falta, con el poco tiempo que tenemos (siempre que digo esto trato de recordarme a mi misma que los platos hay que meterlos dentro y recogerlos igual… pero no hay manera, oye). Bueno, pues eso, que electrodomésticos nuevos también.

Hicimos cuentas, rompimos el cerdito y vimos que podíamos permitírnoslo, y dijimos: pues nada, llamamos a un pintor, y nos damos una vuelta por mediamark a comprar los electrodomésticos…

…y aquí comenzó la pesadilla… el temido Efecto Poyaque”.

El Efecto Poyaque es esa extraña posesión pseudodemoníaca que se apodera de quien ha decidido hacer reformas en casa, y consiste en que hagas lo que hagas, a mejor opción te obligará siempre a tocar o reformar algo que, a priori, no tenías pensado tocar.

En nuestro caso comenzó a manifestarse por culpa del hijoputa que diseñó nuestra cocina. Nuestra cocina es grande, pero mal aprovechada, de modo que todos los electrodomésticos vienen engastados, encastrados en el mueble central, lo que limita mucho tus opciones a la hora de elegir una nueva nevera.

A priori eso no supone un problema. Nosotros, al menos, no lo vimos. Nosotros medimos el hueco de la nevera, anotamos las medidas y desembarcamos en medio del mediamark para comprobar que nosotros no, pero el ingeniero que diseñó la puta cocina un poco tonto sí que era… porque optó por encastrar una nevera de las de la categoríaa “medidas especiales”… o sea, medidas especialmente jodidas de encontrar. Consecuentemente, nuestro hueco de la nevera sólo permite colocar en él una idem exactamente igual a la que tenemos… y aquí comienza el “poyaque”.

Porque “poyaque” te metes a comprar una nevera nueva, mejor comprar una buena, con un congelador decente… pero claro, para es hay que hacer obra de carpintería en el mueble de la cocina, y “poyaque” haces obra en el mueble, qué más te da meterte un poco más y dejar bien instalado el lavavajillas… en lugar de meterlo en el rinconcito que tenías reservado, es mejor hacer un poco más de obra, y colocarlo bajo el calentador de agua… aunque espera… porque… “poyaque” que decides meterte en eso, mejor tira el mueble auxiliar entero y deja ahí la nevera, que como queda separada puede comprarte una de esas preciosas de colores tipo retro, claro que no pegaría mucho con la encimera rústica… pero ¿quién dijo miedo?, porque “poyaque” te pones, hija, por poco más cambias la cocina entera. Y queda ideal.

Y yo en mi infinita estupidez me planteo, ¿y a mi qué me importa que quede ideal, si la cocina la piso lo menos posible? Hombre, es verdad que nuestra cocina tiene una especie de imán que atrae hacia ella a los invitados, y claro, será genial para organizar fiestas… pero si cambio la encimera debería cambiar la baldosa del suelo… ay, no sé…

A mi el “poyaque” cocinero me daba más igual, porque si hay que comer fuera una semana, pues mira, se come y punto… pero es que anoche comenzamos con el “poyaque” dormitorio, y este ya me preocupa más, porque claro, dormir sí que quiero dormir, ese es otro tema.

Y es que lo que empezó siendo una manita de pintura empieza a convertirse en “poyaque” pintas, puedes empapelar con uno de esos papeles de diseño el cabecero… espera, que no tengo cabecero… bueno, “poyaque” te pones compras uno… pero si yo quería una habitación minimalista… pero claro, es que… porque a la que estás, y para que el radiador quepa mejor, lo ideal es cambiar la estantería del estudio… espera, espera, espera, “poyaque” la vamos a cambiar, por qué no encargamos una más grande, a medida, y nos traemos la biblioteca de casa de tu padre… ay, pues mira, qué buena idea. Pero si hago eso le encargo a juego con la mesa de montaje… ¿Cómo que qué mesa? ¿No pretenderás que cambie todo menos esa mesa horrible del Carrefour?…

Y así andamos. A día de hoy he logrado cagarme en los muertos del diseñador de mi cocina, decidir que, haga lo que haga, cambiaré las lamparitas de la mesilla de noche, y llamar a un especialista que vendrá mañana para decirme una de estas dos cosas:

a/ Señora, está usted loca o qué??

b/ Sí, señora, se puede hacer lo que usted dice, pero yo haría otra cosa, porque “poyaque” hace usted esta obra, yo cambiaría el parquet de salón, el color de las puertas y de marido, si ve usted que tal, porque este le va a combinar muy malamente con las cortinas nuevas… porque no irá a dejar esas cortinas en el dormitorio, verdad?

¿Qué os apostais a que me hubiera salido más cómodo y barato mudarme? Pero claro, “poyaque” me pongo…

SUENA EN MI I-POD: Jace Everett es una de esas voces del country rock americano que sin duda merece la pena descubrir. Su tema “Bad Things”, incluído en el álbum de 2006, “Jace Everett”, es el tema principal de la serie vampírica True Blood, y engancha casi tanto como ella. Tiene contraindicaciones de adicción, lo aviso… que el que avisa no es traidor.


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