Nuevas Mujeres

Marc Jacobs ya dijo en su anterior colección que estaba cansado de las mujerzuelas de Balmain con sus caderas estériles, su pecho plegado entre lentejuelas y sus pies enjaulados. Y parece que en ésta vuelve a cansarse de ellas y apuesta por mujeres de verdad. No mujerones insertadas en despampanantes escotes que beben champagne en zapatos de raso y claman sexo, tampoco famélicas teens que juegan a ser lolitas del Upper East Side sino neoyorkinas en uno de los pocos inviernos que ve uno en pasarela.

Si tienen un aire colegial no es porque sean niñas sino porque Nueva York en otoño es todo cuadernos en espiral, “bosques de lápices afilados” y galletas y mazapanes envueltos entre Acción de Gracias y hojas de Central Park. Y dan ganas de volver al colegio, sentarse en escaleras de piedra y perderse entre uniformes de cuadros y faldas tableadas, mochilas de cuero y las mariposas en el estómago de la vuelta a las clases.

Pero son más bien señoras. No aseñoreadas ni clásicas sino las mujeres que compran la ropa de Marc Jacobs y que más que soñar con ser Carrie son sus contemporáneas. Eso sí con mejores sueldos y mejores apellidos. Chaquetones amplios y faldas de vuelto con calcetines al tobillo dicen que no hay por qué volver al pasado ni soñar con tiempos de juventud pero que los treinta, los treinta y cinco y los cuarenta son extremadamente favorecedores.

Hay que ser lo suficientemente maduro para llevar Marc Jacobs.

Porque Nueva York puede ser una jungla pero no deja de darnos un látigo para domar a las fieras. Profesionales en su trabajo vienen de profesiones “creativas“, publicistas, relaciones públicas, agentes, asesoras de imagen, pintoras, escritoras, artistas, músicas, managers o decoradoras. Más divorciadas o happy singles que casadas y con hijos. Y desde luego no unas damas de la Alta Sociedad de Park Avenue de Oscar de La Renta y boleros de piel de J. Mendel. Trabajadoras pero con ese halo de élite.

Algo así como esa dicotomía en la que en el XIX aún se mezclaban aristócratas con hombres salidos de la nada, con genios que usaban el poder de la mente contra el sistema de castas y que, más lejos de ser desclasados y repudiados, se convirtieron en el futuro de los nuevos y los viejos continentes. Aún quedaban nobles arruinados, con espada y chaqueta con charretas y muchas deudas y muchos aires de grandeza pero se mezclaban con la burguesía que imperaba y que acabaría con ellos tras cometer -ciertamente- algunos deslizes y traiciones a su condición obrera. Ellas pertenecen a la burguesía. Esa burguesía de las ideas.

Si bien es cierto que el XIX largo fue el auge de estos hombres frente a la decadencia de la nobleza más seca y rancia –sigh– seguían conviviendo ambos mundos en una simbiosis que se retroalimenta y que continúa hasta hoy.

Parece ser que antes que la era de la no propiedad privada llegará la de las poderosas omnipotentes tiburones de los negocios y de las ideas. Son inteligentes, glamurosas, tienen dinero, sentido del humor, hombres, apartamentos lujosos, fines de semana en balnearios, corredor de bolso y personal shopper.
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- Date:
- 02.19.10 / 7am
- Category:
- blogs de moda





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