Sensualidad, El Disipado Ajetreo Del Turista

Los turistas tiene que ser sensuales. Necesariamente deben tener ese misterio que tienen que tener los lugareños y saber fundir arte y gracia, ingenuidad y perversión en su viaje. En su pequeño tour por el mundo a conocer pecados que no habían conocido y a cometer arrogancias y tonterías que nunca se habían planteado.

Es el único ajetreo que se permiten. Tienen esa cosa pequeñoburguesa -pero qué deliciosa- de las vacaciones pagadas y la diversión -casi- por obligación y sólo se permiten pequeños toques, destellitos, de felicidad. Los turistas se me hacen estrellas que refulgen un poquito y al segundo siguiente se me apagan.
Su noche, efectivamente, es estrellada y al segundo siguiente es oscura, negra como el alma. Las vacaciones son todo bajas pasiones, no hay más forma de verlo, un helado, un vestidito de YSL, un amorío de verano, un amor indefinible que acaba teniendo más que definición punto final…
Otra forma más de frivolidad. ¿No?, ¿A que sí?

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