The Simple Life


Erin Wasson.
Su otra casa era de madera. Con una cocina mugrienta.
Aire skater. Hippie.
Zapatos tirados por todas partes. Y demás.
Y sí, otra vez The Selby.

Si a las francesas se las ve de lejos.
Las orquídeas y esas cosas suyas.
A las americanas, de Texas, se las nota.

Aire despreocupado.
Cachivaches.
Desorden.
Pocos muebles.
Limpio.
Cómodo.
Jovial.

Moderna.
Joven.
Sexy.
Guapa.
Y a la moda.

Una bici y un cuadro de 50.000 dólares.
Una lucecita minúscula.
Un sofa lleno de rotos.
Suelo cómodo para ir descalzo.
Y máscaras extrañas.

Una puerte churretosa en un bonito loft.
Chic. Pero de otra forma a la francesa.
Muy americana.

Tiene ese punto rancio americano.


Y ese punto joven. Despreocupado.
Romántico. Bohemio.
Desaliñado y detallista.

Minucioso pero sin muchas preocupaciones.
Una vez pagado, se vive.
Sin más.

Un domingo uno se siente gaviota.
Y al siguiente quiere arroparse con una manta.
En la misma casa.

Cables tirados por el suelo.
Cosas que no veríamos en la casa de Julia o de Inés.
Mucho espacio libre.
Cosa que tampoco se ve en Europa.


Y “arte” -jum- sacado de un callejero.
Un mapa con rotulador rojo.
Un trueque con un vendedor.
Y una charla con un mendigo.


No, por ello,deja de tener ese aire de intelectualidad demasiado forzada.
Un poco de !oh qué original!
Un poco lo que los de Ikea quieren conseguir.


Algún tópico obligado.
Para un texana sana acompañada de papá a los desfiles que hace surf, va en skate y se rompe los vaqueros.


Y, también, The Selby y sus casas tienen un extraño querer por las cosas “abiertas de piernas”.


Bueno, y el sofá como mejor invento del siglo.
Como antes la chimenea.
El tabaco.
O el té inglés.


Narcisismo pero barato.


Un poco de progresismo carca.


De buenas vibraciones.
De encanto.
De juventud…

De caos.


De protesta.
De idealismo.
De humor.
Y de independencia.

De sencillez.
De calidez hogareña aunque con propio estilo.
Y…

Al fin y al cabo, de normalidad.
Rayana normalidad pero, eh, nada mediocre.
Y que les zurzan a los originales.
Echarse en un sofá arena, con vaqueros y el techo blanco.
Pero qué dama echada.

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