Vogue USA Y La Mujer Diez

Seguimos con las historias.
De esas de los campos de la memoria y la nostalgia del corazón.


Natalia Vodianova es la mujer perfecta. Madre, esposa, amante, amiga, mujer, niña, señora, joven, ingenua y sabia, prudente, excitable y loca. Perfecta y podrida en sí misma. Aunque no lo parece.


Lo que vende es la vida americana. Esa que a Goebbels le fascinaba y que salía en la pantalla grande, en la publicidad, en las revistas y en las promesas a los emigrantes de la Isla de Ellis, la tierra prometida y el Sueño americano.


El tiempo no pasa. La juventud no se consume. La lozanía no acaba. El campo siempre reverdece. La vida siempre sobrevive y la historia nunca acaba, siempre queda el happy end que aguarda, latente, la muerte que es resurreción apostólica y protestante o católica según el caso.


USA es una fiesta y Hemingway no lo sabía.


¿París? Nueva York.
Los campos de América.
Sus playas.
Su anhelo.
Su deseo.
Su sueño.

Y la vida pasa en ese tiemp muerto ad infinitum en el que el carmín no se corre por los besos.
La suela no se gasta.
La temperatura no baja.
El viento no despeina.
Y él, no se emborracha.

Incluso las partidas parecen llegadas.
Las pérdidas, encuentros.
El pasado, futuro.

El destino no es más que puertas abiertas a otra vida que es la misma en el fondo.


No es camino sino fluir.

Y pasa el tiempo, pero somos los mismos.
En los cuarenta, cincuenta, sesenta y a día de hoy.
Como dijeron de los Lumiére, “el hombre ha superado la muerte.”.
Las mujeres, la eterna juventud.


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