Cool & Chic
Un. Dos. Tres. Cuatro. Nos hallamos ante el umbral de las preguntas fundamentales tras haber desarrollado la suficiente vanidad y la suficiente conciencia en cuatro años de fascinación abierta por la era digital.

Sencillamente voy, como dice Saint Exupery “tras aparecer en el destierto, siendo libre porque alguien me ha indicado el pozo donde calmar mi sed” y, al menos, espero que sea con paso honesto aunque uno se permita de vez en cuando, un vicio. Voy como ser humano, como “bípedo implume“, como “mono desnudo” y, para ello culmino vistiéndome. Encuentro en mi instinto el origen del espíritu y la materia y la culminación del arte al que me consagrado: moda.
¿Quién soy?,
¿Adónde voy?,
¿De dónde vengo?
Para responder a quién soy a veces tenemos que buscar en nuestro pasado porque como dice Wilde, “sólo las mujeres con pasado tienen futuro“. A veces sólo somos nosotros mismos, pero para darnos cuenta tenemos que vivir las vidas de los otros. Aunque, como dice Sartre, sean un infierno. La otreidad misma siempre lo es, ya que en ella reside el darse cuenta de que “rechazamos en los demás lo que no nos gusta de nosotros mismos“.
¿Quién soy? dice el profeta. Criatura de los hombres devorada, a partes iguales, por las llamas de mi pasado y de mi futuro. Tras las bajas pasiones, asciendo al quitar el peso como un globo que se abre camino entre los cielos. Como le pasa al jovencito Dorian Gray, quito la vanidad, y hallo cómo “curar el alma por los sentidos y los sentidos por el alma“.
Y me doy cuenta que eso es adónde voy.

Sencillamente voy, como dice Saint Exupery “tras aparecer en el destierto, siendo libre porque alguien me ha indicado el pozo donde calmar mi sed” y, al menos, espero que sea con paso honesto aunque uno se permita de vez en cuando, un vicio. Voy como ser humano, como “bípedo implume“, como “mono desnudo” y, para ello culmino vistiéndome. Encuentro en mi instinto el origen del espíritu y la materia y la culminación del arte al que me consagrado: moda.
Voy caminando por el abismo de la hoguera de las vanidades para saber dónde se halla el precipicio por muy bello que sea. Busco en la juventud el camino hacia el infinito, aunque sea con instintos encontrados y el intento, quizás inútil, de aunar esplendor y decadencia.

Porque si los hombres tienen cuerpo de hombres, tienen alma de dioses y a ellos pertenece, en primera instancia lo divino y lo humano. Y lo divino brilla en las tempestades del lujo y lo sublime.
Pero una vez encontrado el camino que uno desea marchar, lo duro es seguirlo.
¿De dónde? y, ¿para qué?
¿Con que fin en la ruleta de la fortuna y el eterno retorno que dice noche cuando quiere decir día?
Venimos del sueño como dice Calderón “y entonces la vida es sueño y los sueños, sueños son” y entremezclamos los tormentos y las ascensiones como Caravaggio pinta santos de baja estofa y vírgenes que eran putas ahogadas en el río.
Venimos de otra historia, realmente, una que idolatra y venera a la mujer con toda su maravilla de dadora de vida que, como sabe el matricida Orestes, es exigente como una madre pues sólo ella da el beso de la vida y el de la muerte que sabe a madre. A brazos que reciben y a alma que sena.
Podría ser cualquiera Orestes, un cualquiera como McQueen por ejemplo que tras ser amado y querido, vive en un tormento y al siguiente segundo se da cuenta de que la novia no es la muerte sino la madre amada y estrecha lazos con su alma que es vida y es muerte ya que se unen por la regeneración.
No importa tanto hacia dónde vamos, como ir con paso firme.
Sin vacilación.
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- Date:
- 07.15.10 / 6pm
- Category:
- blogs de moda










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