Quien Da El Primero, Da Dos Veces
En Europa todo gira muy rápido. Tanto que en el tiovivo de emociones parisinas las damas de sociedad se convierten en princesas de cuento de hadas y, una vez con él príncipe cogido del brazo, pasan a ser la más trágica femme fatale. Cuando la crisis llega a Europa, el Viejo Continente sabe lo que tiene que hacer. En la I Guerra Mundial, las mujeres se subieron las faldas. En el crack del 29, la moral se subía desterrando el vestidito negro de Chanel por la alegría del cisne blanco que bailaba en los Cabarets y de vez en cuando bajaba a un barrio negro para bailar el swing entre pantalones y gente bronceada. Cuando llegó la II Guerra Mundial, decidieron que todo lo que no podían llevar en tela por el racionamiento, lo llevarían en sombreros. Y aparecieron turbantes. Los bolsos no se quedaron atrás. Y Guccio Gucci anunció su bolso con el asa de bambú. Mientras Ferragamo hacía zapatos con cinta de atar el correo y tacones con cuatro corchos para las piernas de sus mujeres.
Este invierno parece que los diseñadores vuelven a ponerse nostálgicos con la mujer mujer. Nada de medias tintas. Nada de adolescentes famélicas. Nada de caderas que se te clavan como cuchillos a la garganta. Lo que viene es un mundo de color rosa. En el que si uno no es rico, lo parece. Para que las mujeres puedan soñar. ¿Que tu vida es gris, y te acuestas sóla, noche tras noche? No importa. El mundo de la moda viene a salvarte. Y si no puede traerte un príncipe azul, al menos puede convertirte en una princesa.
En Givenchy se acuerdan de las princesas que sueltan sus melenas como Rapuncel y comen albérchigos. En Chanel, Lagerfeld se acuerda de los cuentos de Baba Yaga y se vuelve ruso rodeado de lobos, de lujo, de esplendor, de misterios y leyendas para envolver a las mujeres en un mundo de ensueño. Gaultier quiere que sus mujeres sean mujerones y, si el cuento no es de hadas, tiene el glamour de una novela negra. Con el humo del cigarrillo. El olor del Bourbon y algo de Nº5. Y John Galliano explota a sus mujeres. Las vuelve flores.
Porque espera demostrar lo que ya dijo Neruda. Pueden quitarnos las flores pero no la primavera. Y pueden quitarnos el optimismo pero no la sonrisa. Ni la elegancia. Ni los viejos tiempos. En los que los aristócratas cortaban flores. Podría pensarse que la declaración es fuerte: al mal tiempo, buena cara.
Aunque, si todo está perdido, Chanel nos invita a explorar nuevos mundos. Antes los ricos viajaban en febrero de vacaciones, y se les hacía una línea crucero para qu epudieran estrenar ropa nueva, ahora, los intrépidos conocen mundo. Aunque te espere el yeti a la puerta. O, en el caso de Chanel, un iceberg. Iceberg auténtico, piel falsa. Es lo que canta Lagerfeld en su nana para las fashionistas.
Aunque esto último queda un poco de la realidad. Parece cierto aquello de que en las crisis se venden más pintalabios rojos. Louis Vuitton y Prada quieren ver mujeres de verdad. Curvas. Pechos. Bolsos de cuero. Guantes. Tacones altos. Vestidos de flores. Una carretera de formas femeninas para combatir todos los malos sentimeintos. Para que pensemos en sexo y en vida al llegar a casa y no nos consumamos con los problemas de la economía.
El mundo de la moda no quiere olvidar. Simplemente nos hace soñar.
Con una princesa a la que todos quieren besar.
Sus labios rojos.
Aunque sean de ese color por la crisis.
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- Date:
- 08.04.10 / 6am
- Category:
- blogs de moda
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