CUADERNO DE BITÁCORA
Diario de a Bordo
Miércoles 11 de agosto.
16:00 horas.
Ely está de cumpleaños y está planteándose celebrarlo por todo lo alto, alquilando un velero para pasar el día en alta mar. Me ha llamado para preguntarme si me apetece el plan, y como soy coruñesa, o sea, de puerto de mar, e hija de un escritor y de una aparajeadora, llego a la conclusión de que llevo el mar en los genes y le digo que sí, que claro. Con dos cojones.
Al colgar caigo en la cuenta de que no he montado en velero en toda mi vida, y de que mi paseo en ferry hasta Tanger no resultó demasiado agradable… pero evidentemente ignoro toda señal de prudencia, que para eso soy de estirpe de lobos de mar… o algo así.
Viernes 13 de agosto.
19:00 horas.
Aún no tenemos el regalo de Ely, pero ya tenemos claro que embarcaremos el domingo a las 18:00. Llevo dos días pensando qué ponerme, porque claro, ir en velero no es como quedar de cañas. La cosa queda muy limitada por la prohibición expresa –por sentido común, básicamente- de llevar tacones. No sé si plantame un vaquero y las converse o elaborar un estilismo marinero a los Audrey Hepburn… aunque para eso debería hacerme con una pamela…
Domingo 15 de agosto,
11:00 horas.
El teléfono suena repentinamente. Ely, al otro lado de la línea, reconvoca la quedada marinera. En lugar de salir a las 18:00 saldremos a las 15:00… mierda!!! ¿Los puestos hippies donde pensaba comprar mi pamela estarán colocados antes de mediodía?
15:00 horas.
Ely, Noa, Pinkocha y yo –bueno, y “ellos”- nos encontramos en el muelle deportivo de Coruña. Ely se ha encargado de pertrecharnos con sandwiches ad hoc, empanada de zamburiñas y de atún –muy marineras ambas- y patatas fritas, que no sé muy bien si son marineras o no. También lleva brownie, muy práctico en alta mar. De beber nos hemos traído agua –innecesaria, creo yo, en medio de un océano lleno de ella-, cervezas y cuatro litros de cosmopólitan, con sus copas de martini y todo. Porque si hay que ir, se va, pero en condiciones. De la biodramina no se ha acordado nadie, porque no es imprescindible, evidentemente.
15:30 horas
Chenique, nuestro capitán, ha decidido enseñarnos a navegar, algo a todas luces imposible, pero como nos cae muy majo y no queremos que nos tire por la borda le hacemos bastante caso. Pinkocha coge las riendas del timón y el amante esposo de Ely se encarga de las velas. Damos dos vueltas e círculo sobre nosotros mismos antes de salir del muelle, pero no hemos volcado, oye, que es todo un avance.
Ely nos hace notar a todos que nunca había visto el Castillo de San Antón desde esta perspectiva.
16:00 horas.
Pinkocha continua guiando el barco… pero no sabemos hacia donde. J. se ha empeñado en que el truco para timonar bien en anticiparse, pero como no sabemos a qué, pues no podemos hacerle caso. Volvemos a pasar por delante del Castillo de San Antón, aunque un poco más a la derecha –o estribor- o Ely decide que, desde esta perspectiva, tampoco lo había visto, cosa que comenta para que quede constancia.
16:30 horas.
A estas alturas debemos estar ya por las Azores o así. El timón está en manos de J. que ha decidido que las olas, mejor saltarlas, así que teniendo en cuenta que soplan más de 20 nudos de viento y que no tenemos ni puñetera idea de navegar, no tengo muy claro que esto no zozobre.
El barco se escora por momentos. Empiezo a creer que deberíamos habernos acordado de la biodramina.
16:45 horas.
Una ola gigante no quiere someterse a J. y decide pasarnos por encima. Estamos empapados.
16:50 horas.
Pues parece que hay más de una ola rebelde, fíjate…
17:00 horas.
Mira, pues ahora sí que estoy segura. Deberíamos habernos acordado de la biodramina.
17:30 horas.
El capitán –el de verdad, el que tiene título y sabe navegar- he decidido que no es un buen día para lanzarnos a alta mar. Hace, dice, demasiado viento y el mar está revuelto. Regresamos a la bahía y ponemos rumbo a Mera.
17:45 horas.
Botamos ancla en la playa de Mera, algo aturdidos pero sobre todo hambrientos. Nuestra anfitriona empieza a sacar los manjares mientras los demás nos tumbamos al sol y brindamos por su mayoría de edad (¿os he dicho que cumplía 18?). Los sandwiches vuelan y la empanada más. Los hombres se han lanzado a por las cervezas, pero nosotras, que somos muy nuestras, preferimos el cosmo preparado por Pinkocha y servido con esmero en las copas de cristal. El capitán decide probar el brebaje y aprueba su consumo… de hecho, lo aprueba y lo fomenta, pimplándose él mismo un par de copazos. Nos preocupa un poco el tema regreso, pero como ya vamos un poco maracas, no pensamos con claridad y nos dejamos llevar.
18:30 horas.
Hemos entregado los regalos –ideales, como la anfitriona- y hemos soplado las velas de la tarta. Ely y su amante –uy, perdón, marido, marido- se ausentan en la lanchita. Él rema y ella toma el sol. Ideales, la verdad.
19:00 horas.
Pili y Mili… perdón, J. y P., no quieren ser menos que Ely y L. y montán también en la barca. Se cruzan con unos niños de 7 años que les adelantan tranquilamente mientras ellos resollan. Regresan a bordo abochornados, pero en menos de 10 minutos vuelven a lanzarse a la aventura. De nuevo pierden en el pique con los infantes, mientras que estos piden asilo en el barco de sus padres al grito de “papá, papá, nos vamos ya? Esos señores de la barca nos persiguen”. Como no quieren volver a bordo como unos perdedores, se paran en una cala y cogen 5 kilos de minchas, pero a cambio se dejan allí media espalda, una mano y parte de la uña del dedo gordo del pie. Hernández y Fernández… perdón, P. y J., creen que han ganado, no les digais nada.
20:00 horas.
Estamos empezando a hartarnos de Amaia Montero. Decidimos pedirle al capitán que cambie el disco y nos ponga lo que sea: bachata, Luar na Lubre, Milikito… a cambio le ofrecemos otro cosmo, pero dice que no quiere beber más . Optamos por tomarlo como un síntoma de sensatez, y no de embriaguez… pero no estamos muy seguros.
20:30 horas.
Hay una luz estupenda y P. ha traído la cámara. Decidimos improvisar un posado al más puro estilo Obregón y nos encaramamos a proa dispuestas a sonreir y saludar… quedamos tan, pero tan monas, que posamos durante más de media hora. El barco nos sienta tan bien…
21:00 horas.
Está empezando a ponerse el sol, así que decidimos recoger nuestro campamento y zarpar rumbo a puerto. Queremos ver anochecer en alta mar.
21:30 horas.
Ely lleva el timón, y no lo hace mal, la verdad. Parece que el regreso será mucho más tranquilo que la ida. Al menos si no dejamos a J. coger el timón de nuevo.
22:00 horas.
Definitivamente hay menos viento y el mar está más tranquilo. Bromeamos mientras J. el de Noa (no confundir con J. el de Pinkocha) coge el timón y trata de dirigirse a puerto.
22:15 horas.
El sol se pone mientras pasamos por detrás del Castillo de San Antón, está vez en una perspectiva similar a las anteriores pero iluminado. Ely descubre que nunca había visto el monumento de esta forma y nos los comenta… empezamos a sospechar que Ely nunca había visto el Castillo de San Antón… y punto.
22:30 horas.
Desembarcamos en la dársena tostados por el sol, tocados por el salitre y con los ojillos brillantes por la emoción… y por los cosmos, claro. Nuestro día en el mar ha terminado y toca retirarse a descansar. Ely, definitivamente te has superado!!! Feliz Cumpleaños, sirena!!
SUENA EN MI I-POD: “La del pirata cojo”, de Joaquin Sabina... ¿qué si no?
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- Date:
- 08.17.10 / 5pm
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- blogs de moda


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