Old Fashioned

Yo ya lo avisé. Se llevan las cerezas. Las chicas un poquito antiguas que comulgan con los antiguos cánones. Maria Carla Boscono -modelo italiana única en su especie porque no hay modelos ni italianas ni francesas- hace un come back en Vogue París -y ya no es novia del hijo de la Roitfeld- y para Meisel -que ya se autodenominó Padrino y que, además, ejerce como tal.
La portada parece sacada de uno de aquellos antiguos Harper´s Bazaar con buenas señoritas, con damas muy bellas y con trajes de Alta Moda: abrigazos de leopardo, bolsazos de cocodrilo, tacones medios, sombreritos chapeau y un montón de joyas.
Ya ya, todos nos sabemos la cantinela de las señoritas de Prada y de LV, esas que tienen tetas, cadera y culo. Ésa que les gusta más ellos que a ellas. Ésa que ama en vez de languidecer. O llora en vez de cortarse las venas.
Poiret presentó su ciclo de las tendencias y explicó el funcionamiento de las modas. De la atracción-fascinación que es deseo de compra pasa al aburrimiento, relegado en el fondo del armario, se convierte en motivo de sonrojo y de verguenza en instántaneas familiares o en el recuerdo y, un poco después, los hijos lo encuentran “enrrollado” y los diseñadores hablan de su infancia y de lo que ellos idealizaban de sus padres y todo vuelve. Algunos rebuscan en el vintage, otros en la tienda del Ejército de Salvación y el resto fondean en Zara y fusilamientos de cadena rápida para proveerse de las novedafes -sigh- de la temporada.
Maria Carla, tan maniquí en la portada. Tan estirada. Tan ajena. Tan lejana. Tan de otra época. Tan sola con el fondo blanco no hace más que evidenciarnos que en el fondo sólo estamos pasados de moda siempre.
Es decir, que también estamos siempre de moda.

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