El Regreso

Con todo el jaleo de que vuelve Tom Ford, de su portada en Vogue Paris con esmoquin y los labios orjos, de su reportaje en Vogue USA vestidas ellas de gala envueltas en las nubes brumosas del misterio lejano y el glamour pasado, me acuerdo del triunfo de Christian Dior.
Cuando Dior presentó el New Look, es decir la línea Corolla para verano en ese frío invierno del 47, Carmel Snow, de Harpers Bazaar se fascinó completamente por sus propuestas y las llamó New Look. La imagen era nueva: no había rastros de la guerra en ella, volvía la mujer mujer, esa que alimentaba las mentes de los muchacos en el frente y, al mismo tiempo, la extrema elegancia era el símbolo de la casa. Se insinuaba mucho sexo entre esos labios ardientes, esos pechos turgentes y esas caderas fértiles bajo una cintura marcada pero también se ocultaban las piernas con la nueva largura de la falda, sólo se dejaba a la mujer reducida a forma y no a acción y aquel corsé, !!, volvía.
Chanel, exiliada en Suiza se removía en su tumba. Ya en los 50s, y ella anciana, volvió porque no soportaba la jaula de pájaros de Dior y quería que la gente siguiese llevando lo que Ella proponía y no lo que aquel normando que se había pasado la vida disfrazándose y oliendo flores se atrevía a sugerir, con tanto éxito además. Volvió, vio y no venció. El triunfo aún esperaría. Apoyada por USA y por el Elle Francés -que poco tiene que contar la revista Elle en cuanto a una verdadera repercusión- plantaría cara a las Diorissimas con sus Chaneles.
Ahora que vuelve Tom Ford, ahora que vuelve el sexo, el pubis depilado con una G de Gucci, el YSL enfrentado a Ford y Ford haciendo y deshaciendo y todo ese universo de Richardson, modelos lesbianas, delgadas y altas columnas vestidas de seda y el porno chic, ¿volverá alguien a ser su contrapunto? Qué sabe nadie.

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