La Puerilidad
El fascinante mundo de la infancia, el erotismo y la femineidad es abordado en Vogue Italia, Agosto 2011 poniendo de relieve el tempo del ahora. Freud estaría bastante contento tanto por la erotización sexual de casi todos los contenidos como por el hecho de que todo queda en la familia, en casa como quien dice. Partiendo de la base de que las tendencias de hoy no son más que una regresión al pasado -y nadie puede negar que los 60s están a la vuelta de la esquina y que Mr y Mrs Bridge viven al otro lado de la valla blanca-, Bianca Balti ocupa el papel de madre desquiciada -ama de casa opulenta y desgraciada- con su querida hija pequeña.
Lo realmente perturbador es el cambio de papeles que llega inclusa a repugnar pese al lirismo que tienen las imágenes. La madre es hija y la hija es madre. En términos estrictos, podemos entender esta comparación en el marco de lo literal. En las escenas se suceden momentos absurdos de responsabilidad innata en los que la niña guía a la madre: peina su pelo, enciende su cigarro, la viste… Hay en todo algo falso, de pastiche, como de casa de muñecas. Y no sólo por la evidente erotización de la madre que queda a merced de una criatura asexuada y triste como es la niña -que vive a través de su madre sus fantasías- que enciende sus noches de soledad con una llama que debería encender un caballero, que la viste y la trata como si fuera una doncella y que incluso la lleva -literalmente- en coche hasta donde necesita.
Pero en mi opinión, lo fascinante de verdad no está en la puerilización de la edad adulta -chicos de 50 años (ja)- ni en la erotización de la infancia -que existe sin dudar lo más mínimo- y tampoco en la no menos evidente frustración de la criatura y desgracia de su madre sino en la atmósfera opresiva, artificiosa, antinatural que rezuma todo.
Y no es casual que esa artificiosidad nazca de una sola y poderosa cuestión al margen de los comportamientos psicológicos ya que al fin y al cabo es evidente que eres lo que vistes. Lo absurdo nace de la moda. El vestuario, el atrezzo, no son sino personificaciones de la psique de la persona. Bianca y su realidad no es sino la muñeca de su hija. Una Barbie morena vestida con la misma verosimilitud y actualidad que la muñeca rubia de Mattel. Y que, por cierto, se dedica a lo mismo: le pintan las uñas, le visten, le peinan, le leen antes de acostarse.
Como decía Valle Inclán con sus esperpentos y la realidad deformada por el espejo, lo que ocurre aquí es que estamos dentro de la caja de muñecas. Una caja de lo más glamourosa con zapatos de tacón, abrigos de Prada, helados de colores, fiestas de pijamas y de globos y… sin vida.
La esencia que más fuerte se respira es la de lo prefabricado. Como en gran parte de la moda actual que se basa en la simple aparatosidad que, engañosamente, esconde la reacción a lo que Yves Saint Laurent proclamaba: “nada más fácil que el escándalo, nada más díficil que confeccionar una chaqueta negra cada temporada”. Todas las épocas tienen sus artificiosidades, sin duda, pero es muy revelador el ansia historicista de ésta.
También es revelador de la falta de tendencias y movimientos propias y, es casi dulcemente ingenuo, que hayamos vuelto a caer en los 60s androides donde la minifalda campaba a sus anchas con hippies con melenas, señoronas vestidas de Valentino, Chanel desde la tribuna del Elle francés dando golpes de efecto que la prensa vapuleaba, Yves Saint Laurent advirtiendo que la moda nacía y moría en la calle y Courreges o Rabanne revolucionando el mundo desde la perspectiva sideral. Se ve, en cambio, poco de la pausada belleza de Balenciaga, poco de las construcciones arquitectónicas de Dior, poco de la sencilla sexualidad de YSL y casi nada de la esencia de los grandes creadores que han sido desechados en busca de efectismo y giolpes rimbobantes de efecto…
Como quien dice, no es una queja. Todas las épocas han tenido su tendencia y añoranza historicista desde el comienzo de la actualidad y pensar lo contrario es ingenuo. Tampoco vale la maldita nostalgia de los viejos tiempos y, salvando quizás la época y el reinado absurdo y divino de Chanel donde todo era excitantemente nuevo y descarado, y algo de la revolución posterior de tejidos y la democratización en la calle, apenas se puede ver entre la densa bruma de la historia de repetición y repetición. Y, sin embargo, no hay duda de que el terreno fértil es lo nuevo.
Como no hay duda de lo extraño que es todo este universo donde el hoy se parece más al ayer que el mañana y mamá es una Barbie chic a la que su hija ajusta el liguero…
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- Date:
- 08.30.11 / 6am
- Category:
- blogs de moda








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