Talento, caprichos del destino (y un buen plan de marketing)
Es curioso como el destino puede jugar un papel desencadenante –y de hecho lo ha jugado- en muchas de las historias de triunfo que conocemos.
Christian Dior fue un visionario, pero su historia –como la de muchos otros- ha sido también fruto de las jugarretas del destino. Por distintas razones él fue el elegido por toda la industria de la moda francesa para hacer renacer la costura tras los duros años de guerra. Eso sí, después demostró con creces que no se habían equivocado en su elección.
La casualidad, el azar y el destino quisieron que fueran sus diseños, los que participaran en el célebre Thêatre de la mode, la primera iniciativa de los franceses, en 1945, para demostrar al mundo que su costura seguía viva tras la guerra. Por aquella época monsieur Dior trabajaba en la casa Lucien Lelong y varios de los vestidos que viajaron sobre maniquíes de 70 centímetros, en exposición por el mundo, fueron diseñados por él.
La suerte quiso también que el proyecto de fundar una casa propia entre Pierre Balmain y Christian Dior no se ejecutara. Ambos costureros trabajaban en Lucien Lelong y montaron una sociedad conjunta que no salió adelante por la indisponibilidad de la sede en la que planeaban instalarse.
Por azar conoció Dior a Marcel Boussac, el empresario del algodón que no tuvo reparos en invertir en el proyecto de la maison. Invirtió, y lo hizo sin miramientos; su aportación fue ni más ni menos que una especie de cheque en blanco para lanzar una casa de costura por todo lo alto, sin reparar en gastos. Para que nos hagamos una idea, Dior dispuso de sesenta millones de francos, frente a los seiscientos mil con que había contado Pierre Balmain (que finalmente también se había establecido en solitario).
Se conocieron gracias a Suzanne Lemoine Luling, una antigua amiga de Dior que le propuso para relanzar la maison Gaston et Philippe, en la que Boussac quería invertir. Sin embargo, si el primer encuentro entre Boussac y Dior fue casual, nada de lo que aconteció después tuvo la misma característica; absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle estaba planeado.
Se decidió pronto dejar de lado el proyecto con Gaston et Philippe para centrar todos los esfuerzos en una nueva casa de moda que representara lo mejor de lo mejor de la moda francesa. Los mejores colaboradores y el mejor equipo estaban a su disposición.
Suzy Parker y Robin Tattersall fotografiados por Avedon en la place de la Concorde (agosto, 1956).La noticia de la tremenda inversión corrió como la pólvora por las redacciones de todas las revistas de moda que esperaban ver, con mucho interés, el trabajo de la casa instalada en la avenue Montaigne. Por su parte, los amigos y amigas de Dior se emplearon en generar interés entre la alta sociedad, hasta que todo París hablaba de la nueva estrella.
Con todo este clima de expectación llegamos a la fría mañana del 12 de febrero de 1947. Editoras, compradoras y damas de la alta sociedad europea se amontonan en el salón del atelier. Nadie quería perderse el esperado estreno de la casa.
El último capricho del destino que quiso ayudar a Dior fue la huelga de prensa francesa, que provocó que el día siguiente del desfile nadie pudiera leer las devastadoras críticas que le dedicaron sus compatriotas. Sí leyeron sin embargo, las muy favorables impresiones de las americanas que, encabezadas por Carmel Snow -ya le conocía desde su época en Lucien Lelong– y su célebre sentencia que dio nombre a un nuevo estilo, sentenciaron el futuro del creador.
¿El resto de la historia?, la conocemos de sobra…
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- Date:
- 10.20.11 / 6am
- Category:
- blogs de moda






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