De Lo Ridículo

La perspectiva es una de las cosas más importantes en esta vida. En los ochenta los teenagers consideraban “jodidamente respetable” no serlo. Sus padres, pensaban que aquellos jóvenes eran ridículos. Perspectiva. Esos “viejos” llevaban melenas largas en los sesenta y decían “paz y amor, tío” y eran fumetas. Sus padres pensaban que estaban locos. A coser y a trabajar, por favor. Nuestros adorables punks de los ochenta que se perforaron la nariz y las cejas tras seguir los dictámines más exagerados de la moda punk: !imperdibles, cuero, crestas!, miraron extraño a sus congéneres de los noventa cuando ya eran universitarios o accedían a puestos de trabajo. No mola ser cajero de McDonalds toda la vida, c´est la vie. Pero luego miraron a sus hijos, ¿fans del grunge? Por favor.
Ahora los viejos grunges, esos de camisas de leñador y vaqueros rotos con drogas y litrona se escandalizan por lo que hacen sus nenes. Emos, Modernos, Egologs, Gilipollas, Teens normales al fin y al cabo o pijos, pseudopijos y otras especies a estudiar. O pendientes de surgir o de morir. No soy muy de tribus urbanas pero… Pitillos ajustados, Wayfarer, delgadez anoréxica, cortes de pelo tapando los ojos, vaqueros desgarrados, hombreras, tachuelas, minivestidos brillantes y laca. Mucha laca. Ipod, Iphone y Mac. Vodka, tónica y RedBull. Y ganas de romper el mundo.

Aún así lo que importa no es si las Converse –sarnoso no lo convierte en antiguedad– son la última moda o la última del 63. En realidad,lo que importa es la perspectiva. A los quince, “sex, drugs, rock&roll” suena bien. A los treinta, “sex, drugs, rock&roll” no suena también. A los veinte, one night stands parece atractivo. A los cuarenta, se consume el dedo sin anillo. A los cincuenta, viuda rica o ex suena bien, sobre todo con un talón de fondos y sin camada que alimentar. A los sesenta, la pensión no compensa morirse de un resbalón en el jacuzzi porque nadie escuchó el auxilio decrépito.

La cuestión es la perspectiva. Y el movimiento pendular de la acción reacción. Los hippies se convirtieron en yuppies, los grunge en veganos y Carrie se casó con el pez gordo porque, al final, ella quería desayunar con diamantes. Perspectiva…

Internet tiene gran parte de la culpa, probablemente. Si jugar al Call of Duty no te convierte en alguien siempre fiel; ver en Internet el desfile de Rodarte no te convierte en Jean Paul Gaultier. Aunque muchos lo crean. Creo que recuerdo aún la última vez… Y lo que vino luego. Y más tarde. Y, claro, llevé razón. Eran... cosas de la edad.

Cosas de la edad. Edad del pavo hasta los veinticinco, lo acepto. Pero es que la edad del pavo sigue un trecho muy largo. Como un misil, te ve y te alcanza. Hasta que te mata. Perspectiva. ¿Qué ocurrirá cuando las cosas de la edad lleguen a su fin?

¿Qué ocurrirá con mis futuros Anna Wintour, con mis I wanna be Grace Kelly, con mis streetstylers, con mis coolhunters, con mis religiosos adoradores de Vogue o de Neo2 -según el caso-, con mis fotologers, con mis chicas que enseñan carne y zapatos de tacón, con mis críticos en pro de la ropa gratis, con los blogs en los periódicos, conmigo misma?.

Perspectiva… Bendita ceguera a veces.

Y yo aquí… divagando contra los fotologers en mi propio egoblog. Ufff…

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