Barras Y Estrellas

No puedo decir que Lagerfeld no sea un buen fotógrafo en muchas ocasiones pero siempre desconfío de él cuando firma sus trabajos en blanco y negro porque no tiene profundidad física o emocional. Es desconcertante, pues, la importancia del tratamiento de la luz cuando se trata de la ausencia de todo color pero es que la fotografía en su misma esencia es luz y, por ello, no puede sino resultar tan esencial como desconcertante. Cuando Lagerfeld coquetea con Claudia Schiffer en medio de un prado rebosante de luz blanca casi mediterránea pero más bien centroeuropea es radiante. Cuando convierte a la dulce Brigitte Bardot germana en una Greta Garbo, en una Marlene Dietrich resabiada y con tendencias erotómanas y casi maniacas, todo es tan excesivo que su blanco y negro resulta. Sin embargo, la luz. La luz plena en blanco y negro no está, por el momento, a su alcance.

Es bien cierto que el blanco y negro está irremediablemente asociado a la melancolía y quizá sea por eso por lo que a Lagerfeld no le funciona. Sus dioses, más que de piedra, son sencillamente de cartón. Sus ninfas jadeantes de primavera verano 2012 son acrobáticas imposturas que, ni tan siquiera son novedosas, pues pese a toda la juerga de los Juegos Olímpicos y este homenaje -tan dudoso, por otra parte- la verdad es que en el imaginario de Lagerfeld las barras ya estaban presentes. En los 90 cuando fotografiaba para Chanel en color y hacía pasar por las páginas publicidad de las revistas de alta gama mulatas, el ver a una mujer vestida de negro rampante sobre una barra más en exposición que en acrobacia era, no un portento, una delicia.

Salvo la primera imagen en la que el mar transmite sensaciones y la última donde ese mar igualmente rugoso se vuelve hermosísimo, el resto son bastante impostadas. Lagerfeld siempre se ha autodenominado un contador de historias y, en este caso, es un poco díficil hallarla.  Quizá se trata tan solo del canto del cisne: mujeres bellas que en medio del inmenso mar, en medio de la desgracia, hacen su último tributo a la belleza: contorsiones absurdas pero hermosas. Y, luego, la muerte.


Information About Article