Princesitas De NYC

Siempre me pregunto en qué piensan las princesas. Piensan en el camisón de raso de color melocotón y el aceite de masajes que usaran por la noche, en la hora con el pscólogo a 400 dólares la hora, la sesión de manicura y pedicura de por la tarde esa en la que literalmente tiene al mundo a sus pies y en cómo vomitar el croisant que se ha comido esta mañana con la leche y el umo para no engordar.

Por extraño que parezca, la vida desocupada es tremendamente estresante. Dicen que el 98% de las princesas de Manhattan -judías y no- (y sí me he inventado el porcentaje) toman Prozac. Mucho Prozac. ¿Meditar, relajarse, masaje shiatsu? Por favor, la pregunta es ración extra o ración super.

Casa de dos pisos con niñera, criada, cocinera y asistenta. Dos días a la semana, tenis. Dos días a la semana, almuerzo en el club. Otros dos días a la semana, peluquería. En casa, flores y más té que café. Desde luego, manicura francesa y, últimamente, una secreta tentación para con Balmain que es sofocada -gracias a Dior- para con De La Renta.

Casa en los Hamptons y crucero. Marido devoto, más que con amante pero con ojo esquivo a empleadas y subordinados. Eso sí, muy clasista. Casi snob. Ella habla con todo el mundo -bueeno- pero no con la misma relación. Dos clases de persona: por encima y por debajo.

Por encima, alabar. Por debajo, pisotear. Que, para eso están ¿no?.

Champagne y Perrier. Clubes no pero sí fiestas en casa y, luego, acabar ligeramente achispada. Más vestidos cortos que largos y tacones altos. Una mujer vale lo altos que son sus tacones, en este mundo sí. Y también el límite de su tarjeta de crédito y la invitación al pase privado de Chanel dos veces al año más cruceros. Después de la semana de pasarelas, retiro espiritual a un balnerario porque….

!Lo que estresa no hacer nada!

Ah mis princesas… Si está claro que la realeza está en decadencia…

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