Las Fotos Tristes De Peter Lindbergh

Helmut Newton contaba que cuando fichó a unos oficiales del Ejército para que posasen junto a unas hermosas modelos rubias -todas arias ellas-, el segundo día aparecieron menos de la mitad porque habían descubierto que una fotografía de moda no es un “instante”. Fue Cartier Bresson quien habló de “instante decisivo” para una imagen. Se trata del momento clave en que un buen fotógrafo debe disparar. No importa el antes ni el después porque la historia de la imagen nos la da, precisamente, la imagen. Peter Lindbergh es un creador de instantes en sus fotografías y eso es lo bueno de su trabajo.
Cuando a Quentin Tarantino le preguntan cómo desarrolló su estilo personal de hacer películas, responde que “viendo cine“. Bueno, Lindbergh también tiene un estilo personal, visible “viendo fotos“. Reconocibles son sus blancos y negros, primeros planos cargados de emociones, de arrugas y pecas. Con un primer plano de Lindbergh, sin filtros, sin color, sin nada donde recortarse el rostro o que distraer la mirada, se puede leer el alma de una persona. Sin embargo, su trabajo en color es algo diferente. Generalmente cuando se mira una foto de Lindbergh, hay melancolía y vulnerabilidad. Todo lo contrario que en las de Helmut Newton, en las que hay presente y poder. Sin embargo, es en su trabajo en color donde Lindbergh se libera de las cargas tópicas que se atribuyen a sus imágenes.
Lindbergh, es una verguenza, se prodiga más en las ediciones menores de Vogue que en Vogue USA y París. Generalmente es recurrente en China, ediciones en las que -paradójicamente- fotografía a vaqueros, a putas y a fracasados de la América profunda. Sin embargo, este mes aparece en Vogue Italia -y en el suplemento de Alta Costura con una estupenda Milla Jovovich (a mí siempre se me parece a Evangelista)- y es de nuevo ese Lindbergh de la tristeza contenida, de los perdedores y también de los malditos. Como quien dice, para qué más, yo compro.

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