EL ARMARIO PERFECTO

Vale, todas soñamos con nuestro armario perfecto tipo vestidor. Una habitación entera para nuestra ropa y complementos, con un armario en el que las prendas cuelguen de las perchas ordenadas por colores y por tipos de prendas, y en el que los zapatos y los bolsos estén en baldas en vez de apilados unos encima de otros.

Sobre todo, que las prendas tengan sitio y no se deformen y se arruguen por culpa del amontonamiento. No hay cosa que más rabia me dé que una camisa recién planchada se deforme porque está apretada contra otras prendas. Por eso prefiero tener pocas prendas en mi armario pero que se vean bien y estén en buen estado que tenerlo repleto de ropa y con pilas enormes en el que las camisetas o los jerséis de abajo estén arrugadísimos.
Bueno, volveré sobre el tema si me toca la lotería de Navidad. De lo que os quería hablar hoy es de otro tema.
¿Cómo se supone que debería ser nuestro armario perfecto?

En mi opinión, debería tener un 60-70% de prendas básicas de calidad, que podamos utilizar en distintas ocasiones y con variadas combinaciones (lo que llamamos el fondo de armario, la camisa blanca, el vestidito negro, los zapatos de salón, los vaqueros, etc.), un 20-25% de prendas especiales (cosas bonitas, que nos hayan llamado la atención en el momento de verlas, y que son de nuestro estilo) y alrededor de un 15% de prendas última tendencia.
Con las prendas especiales y con las de última tendencia damos el toque diferente a nuestro vestuario para que no resulte aburrido y simple. Para mi, los complementos son los que ayudan a dar ese punto distintivo, pero pueden ser otro tipo de prendas.


Y deberíamos tener en cuenta esos porcentajes a la hora de ir de compras, para no pasarnos el día comprando chorradas y prendas que no llevamos más de una o dos veces. Acumular ropa en el armario es antiecológico, excesivamente consumista y no contribuye a crear un estilo propio y definido.
Cada prenda que está en tu armario (por muy barata que sea) conlleva un proceso productivo, unos materiales, un transporte desde el punto de fabricación hasta el punto de venta. Es decir, contaminación. Así que piénsalo dos veces antes de comprar una prenda que no vas a estrenar.

Fotos: Instyle, The Selby


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