Amo Mi Carré De Hermés


Un cuadrado de seda. Estampada. Perfumada. Suave. Huele a tabaco. A alcohol. A perfume caro. Y a crema hidratante. Un olor nada desagradable. Se lleva en el bolso. Al cuello. Con la marca Hermés.

Y ya no hay más que decir.


Ahora Hermés dice cómo se puede llevar en su página donde explica cómo parecer Rockabilly en Tokio, modelo en Los Ángeles, sofisticada dama en Milán o bailarina de jazz en un antro de los años 20s en París. Eso depende.

¿De qué?

De tí.

De eso trata el lujo.

De ser único.


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