Belleza Brutal

Cuando pienso en Liz Taylor me pasa como a Capote y a Warhol: es radiantemente bella, vale, no es mi estrella más radiante pero cada vez que veo su imagen en pantalla, en cualquier sitio, no puedo más que perderme en su belleza: lacerante, dañina, rutilante, explosiva, impactante y brutal.
El adjetivo es ese, brutal. Te deja sin aliento. No es bella, es lo siguiente. Su rostro no se basa en el equilibrio, en la proporción o en la armonía. No se basa en una medida, en una afectación mínima. No se basa siquiera en la elegancia, tampoco en la candidez, en la juventud o en el poder. Se trata de la fuerza.
Siempre pienso lo mismo, ha pasado los límites de bella o de guapa.
O la odias o la amas. No hay más.
Es explosiva. Llena de fuerza. Es poderosa. Mágica.
Es un hada fatal. Una reina, Cleopatra. Una puta. Una emperatriz. Una diosa. Una campesina abrasada por el sol. Una sirena. Un demonio. Un fantasma. Un miedo. Un juego. Un sueño… 
Es la carne.
Es Eva.
Y Pandora.
Es ella.
Con los ojos violeta…

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