Cool And Chic

Uno. Dos. Tres. Cuatro. !Cinco? Cinco años ya con este blog en medio de momentos bochornosos, instantes encantadores y de la historia, al fin y al cabo, somos historia. Normalmente los aniversarios son aduladores pero quizás se pueda hacer una excepción. Yo acuso, y yo, y yo… Me acuso a mí misma de muchas cosas y veo en este blog carencias evidentes, olvidos terribles, ausencias notables y faltas que me hacen sonrojar. También veo cosas buenas pero eso lo aparco. Debo decir que, como todo el mundo sabe, los blogs están pasado de moda. ¿Y qué?.
Acabada la semana de Alta Costura de París con cada vez más urgencia en la boca, es evidente que no hay nada nuevo bajo el sol. Unos entran, otros salen y al final, año tras año, es idénticamente lo mismo. Tom Ford que no es, a diferencia de muchos, santo de mi devoción, trata de cambiar un poco las cosas como ya hizo cuando entró en Gucci aunque, en mi opinión, Tom Ford es demasiado Yves Saint Laurent y, lo que importa, es que todo lo que hace ya lo hice Yves, antes y mejor. Tom Ford me deja fría. Tiene ropa preciosa, un concepto inserto en su mente y no niego que es un buen especialista del marketing. Tiene un concepto que encaja con la filosofía de nuestra moda, esa en la que se abre un blog cada minuto -o más- y la mitad se cierran en menos de un año.
Ahora, Ford, le ha dado la vuelta a la sartén para seguir teniéndola por el mango, por supuesto. No quiere fotos, no quiere que sus colecciones se vean en todos los sitios ni que todas las estrellas las luzcan. Quiere privacidad e intimidad, algo que, por cierto, descubrieron al final de la Edad Media los nobles y que causó más estragos que la tan cacareada Guerra de los Cien Años.
De repente, todos los conectados tras las pantallas del ordenador se sorprenden ¿cómo es posible que llevemos ropa que salió a las pasarelas ayer, que aún no ha salido, en marzo la de verano, en febrero un entretiempo futuro y en invierno vayamos de tirantes? En eso parece basarse la nueva propuesta de Tom Ford. Y, también en una europeización extrema que siempre ha caracterizado al diseñador aunque, sí, Tom Ford es americano hasta las trancas. Y, como decía Oscaw Wilde, los americanos son ese pueblo que recuerda que en Roma se compraron unas medias.
Por eso, yo acuso.
Sobre todo acuso de que no conocemos la historia y que, por ello, estamos condenados a repetirla. Lo que hoy vivimos, ya se vivió en la Belle Epoque. Chanel lo vivió y Chanel se lo cargó. Pero, soy de la opinión que hay que echar el muerto al hollo y el vivo al bollo. Aún así, aunque me maravilla el fenómeno de la moda actual, los millones de blogs de moda, las páginas ¿especializadas? y los portales de Alta Moda que abren un nuevo mundo tan increíble que es, precisamente, difícil de creer y, aunque, hay blogs maravillosos en los que uno no puede dejar de maravillarse del buen gusto, la hondura de la sabiduría de sus autores y de la generosidad que los lleva a escribirlos, no queda más remedio que acusar.
Empiezo yo, claro.
Este blog me deja fría muchas veces. No pasa nada.
El resto de la blogosfera y de Internet en general me da tan igual como muchas revistas.
Vogue USA se va al carajo poco a poco, Vogue París vive momentos de contricción, Vogue España no sabe si es una Voguette cuando el furor se ha pasado o si ser original es lo más -ja- y Vogue Italia es tan inestable como bailar sobre un volcán. La crisis económica está convirtiendo nuestro mundo en algo similar al de los Años 20. Mucha pompa y mucha miseria. No digo pobreza solo, digo miseria. Es como si todo ese aire mágico de Vogue y de la moda en general -y la Alta Costura en particular-´se estuviese esfumando a pasos agigantados.
La nostalgia no vale nada.
Por eso precisamente hay que acusarse.
Yo acuso, la primera a mí.
Y por eso, les digo:
“abran los ojos, nos espera un mundo de oro pero hay que ayudar a levantarlo”.
¿Dispuestos?
Pues qué demonios, se ha abierto la veda.
A ver si así entramos en calor y dejamos de vivir en este apático frío. Yo la primera.

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