Deauville, 1913

Hace exactamente un siglo, en 1913, Gabrielle Chanel abría en Deauville su primera boutique auténtica. Desde hacía cuatro años vendía sombreros en París con bastante éxito por lo que junto a Boy Capel decide trasladarse ese verano a la ciudad costera de Normandía. 
En Deauville veraneaba la alta sociedad parisina y alguna que otra familia inglesa. Casino, caballos, vela y moda eran los pasatiempos favoritos junto a las citas obligadas al té de la tarde o al club de polo. En este escenario y en la calle más sofisticada abre Coco su negocio, financiado por Boy. 
Las clientas, las mismas que en París; las necesidades, completamente diversas. Si bien a principios de siglo en la ciudad era impensable, en las localidades de veraneo el deporte comenzaba a formar parte del día a día, también del de las mujeres. La playa y el mar se prestaban a un estilo más relajado y cómodo que, sin embargo, no existía en la oferta de entonces. 
Tras librar a los sombreros de artificios innecesarios Chanel se dispuso a hacer lo propio con todo el armario femenino. Y aquí sucedió lo mismo que con los tocados: primero lo inventó para ella, para poder trabajar y moverse con facilidad y tras el éxito de su propia vestimenta, lo exportó a sus clientas. 
El verano siguiente estalla la guerra pero la creadora decide con acierto no cerrar su boutique. A 200 kilómetros de la capital, la localidad costera se convierte en refugio de las mujeres parisinas que huyen de la amenaza alemana y que, estando sin maridos, sin coches y sin chóferes –todos habían partido al frente-, se tienen que encargar de las tareas más impensables hacía un año, caminando de un lado a otro de la ciudad. Y claro, aquí, las prendas de Coco se hacen imprescindibles. Confortables y pragmáticas, las mujeres no estuvieron dispuestas a abandonar sus nuevas vestimentas una vez acabada la contienda. 
Chanel en 1913 delante de su flamante boutique en Deauville. 
En 1916, solo tres años después de la apertura de la tienda en Deauville, la empresa de Chanel contaba con 300 trabajadores. Ahora, cien años después, la multinacional en manos (creativas) de Lagerfeld se dispone a rendirle homenaje. Pero no en la ciudad costera, no. En este siglo los aires han cambiado el rumbo de las agujas y la casa de la camelia se trasladará mañana a Shanghái para, primero proyectar un corto inspirado en la aventura de Coco en Deauville y, el jueves, presentar por todo lo alto la colección Resort 2014. 
Por cierto que el mini-filme lo protagoniza Keira Knightley, que se casó este fin de semana con una de las chaquetas más icónicas de Chanel.  
Lo que sí ha heredado Lagerfeld de su predecesora es el deseo de trasladar la casa allá donde veraneen los (muy) ricos. A saber, Courchevel en invierno o la Costa Azul en verano. En este último destino acaba de ser inaugurada una boutique efímera, por cuarto año consecutivo, concretamente en Saint-Tropez, en el Hotel Mistralée. 
La tienda que surtirá de perlas y camelias a toda la Costa Azul durante el verano.
“¿Qué por qué me metí en esto? Desde luego no para diseñar lo que me gustaba, si lo hice fue principalmente, y sobre todo, para hacer pasar de moda lo que me espantaba”, Coco Chanel. 
  

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