Diana, Rosa De Gales


Lo fascinante del vestuario de Lady Di es el significado que subyace bajo él. Diana de Gales empezó vistiendo tremendamente antigua, con hombreras gigantescas como las que se llevaban en los 80, claro, pero también con el estilo neo-romántico con blusas vaporosas y trajes de noche con volantes y dorados, como de princesa Disney. De hecho, se considera que el traje de novia de Lady Di es el clímax de ese estilo. Sin embargo, a medida que Diana se va haciendo más cínica y más infeliz, rejuvenece y empieza a tomar el pulso a la monarquía británica con su guardarropa. 
Se pone collares a la cabeza y a la reina Isabel II le parece que esa no es forma de maltratar sus joyas y le traba el acceso a su joyero. Cambia de aquellos tonos pastel a un vestuario más conectado con la realidad, dejando de ser una Isabel II 2 pero casada virgen con prueba del pañuelo mediante, y, más concretamente, pasa a ser una especie de estrella de cine pero de la realeza con vestidos más pegados ceñidos y de colores vibrantes: azules, verdes, amarillos y rosas pero también blanco, negro (para disgusto de la casa real) y también rojos. Se deja de sombreros, que nunca le favorecieron demasiado, y empieza a llevar trajes de chaqueta más favorecedores para el día, en vez de faldas vaporosas a media pierna y chaquetas que le llegan a la cadera, y se deja de trajes de noche que la avejentan para dejar los hombros al aire y mostrar su figura, diseñados, no por modistos ingleses, si no por grandes diseñadores, como Versace. Es verdad que, con sus problemas de anorexia y bulimia, Diana lo mismo engordaba que adelgazaba 
Sin embargo, es habitual ver a Diana de color rosa (quizá porque es el color de las princesas), además del azul (el tono estrella de Lady Di, aunque la historia la recuerde de blanco por su boda y de negro, bailando con Travolta, y con el Dior famoso -el jódete- tras su ruptura matrimonial) que, a mí me parece que le queda bien en sus tonos fuertes y no tan bien en los tonos pastel. Toda la vida, Diana tendrá esa tristeza frágil combinada con un egocentrismo digno de una estrella de los años dorados de Hollywood y una sonrisa, lo mismo fácil y deslumbrante, que tierna y cohibida. Me gusta mucho Diana, porque es una mujer frágil y fuerte a la vez, porque es todo un icono de moda -y bastante pop, además- y porque -pese a lo mucho que gusta a las marujonas- le quedan bien las joyas, los lunares (la imagen más bonita, a mi entender, es la primera) y porque me parece muy dulce.

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