Et Vivre La Vie En Givenchy

Cuando oigo Givenchy pienso en albérchigos.

Y cuando pienso en albérchigos, pienso en Rapuncel y en princesas.

Me dan ganas de ser príncipe azul de mis princesas radiantes, vestidas de Givenchy que son hadas mágicas y maravillosas sirenas.


Se me antojan corriendo por el prado, rebozándose en la hierba y siendo felices…


Las princesas se me despeinan, hacen trucos con ranas para que les devuelvan su pelota de oro y se dejan picar por brujas con alfileres de perla y nácar.


Aporrean puertas de palacios, se atragantan comiendo manzanas y paladean el caviar.

Y luego tras rodar por los prados del campo, brillar en oro y en plata.


Como joyas refulgentes de cabellos dorados y largos como Rapuncel.
¿Hermana Ana, ves al príncipe?

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