Haute Couture: Charles F. Woth (II)

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El otro día dejamos a Worth descubriendo una necesidad en las damas de la burguesía del S.XIX: que les guiaran a la hora de vestir. La decisión pasa de la señora (con mucho dinero y con muchos actos sociales, pero no muy segura de su gusto en el vestir) al couturier.
Así que, una vez descubierta la necesidad, Worth se puso manos a la obra. Lo primero era crear de la nada una nueva figura, la del couturier (recordemos que antes eran las damas las que ideaban los vestidos que querían lucir), atribuyéndole características de los que también se dedicaban a la estética y al gusto: los artistas.

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Convence a sus clientas de ser de las pocas elegidas para entrar en su edén (eran necesarios muchos requisitos para acceder) y se convierte en una especie de tirano de la moda. Sienta las bases de la idea de couturier que perdurará en los siglos venideros hasta nuestros días.
La maison, un palacio en la Rue de la Paix, no estaba abierta al público. Como en un club privado, sólo se entra por recomendación de un socio. Entre sus clientas, la Emperatriz Eugenia, la Zarina de Rusia o la Emperatriz Sissi.
Pero todos estos rituales no eran más que instrumentos de marketing (que de esto en el siglo XIX ya sabían mucho), para crear un imaginario en la mente de los que de verdad importaban y consumían: el mercado americano que se desvivía por la magia de la vieja Europa.
Fue un hijo de Worth, Gaston, el que en 1910 constituye la Chambre syndicale de la Alta Costura, un organismo independiente y separado de todas las otras formas de confección. Pero la cámara, su historia y sus normas, para el próximo día.

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>Haute Couture I: Los Orígenes


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