Japón Y La Belleza Y Armani, Claro

Armani ha dicho siempre que su máxima es la belleza de la mujer. La piel blanca, los labios rojos, el cuerpo como una flecha. Un lirio o una orquídea. En esta colección de HC, de otoño invierno 2011 2012, Armani se decanta por un discurso que ya conoce: Oriente, la sencillez, la elegancia del detalle, los elementos que fluyen, las garzas, las olas, la seda, el kimono deconstruido a la universal, el obi y especialmente, Japón.
La colección carece del poder y la omnipotencia de la anterior colección de Alta Costura de Armani aunque es cierto que retoma su inspiración. En este caso, Armani escoge la sofisticación menos inmediata. En vez de sombreros pagoda, tecnología del futuro, reflejos de agua y una elegancia distante, se decanta por reflejos acuosos apenas insinuados, corsés que reposan por las caderas y se deslizan por el vientre de forma sinuosa y delicadeza. Sake, arroz y té de jazmín. Y un servicio completo. Claro.

En Japón consideran que la pobreza consciente es hermosa. Al tiempo, adoran el lujo. Armani rescata la sencillez, el decoro, el esconderse en el caparazón y actúa con la belleza del sol, de lo que no es obvio, de las delicias y el placer. La colección es sencilla y al tiempo es delicadamente lujosa. Los dandies, al inicio con Brummel antes de ser catalagodos de ampulosos, se dedicaban a pasar desapercibidos por su sencillez, por su elegancia.

Armani lo redescubre en versión oriental. Garzas, dragones, lirios, calas, mujeres que caminan a pasos discretos, belleza en estado puro. Porque el rocío llega al amanecer, pero sólo con unas pocas gotas. La belleza de lo que es único, hermoso, plástico pero nada exagerado, nada teatral. Sólo prendas para una mujer. Feliz si puede ser. Y bella.

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