Kramer Vs Kramer, Jil Sander Vs Raf Simons

En Jil Sander siempre tuvieron grandes problemas con su diseñadora, Jil Sander. De hecho, cuando il sposso de la señorita Prada compró su firma con Jil al timón, la colaboración duró tan poco y salió tan mal que Jil Sander abandonó su firma hecha una furia. Claro que, en Prada se quedaron con su nombre. Jil Sander, la dama del color liso, los tonos bloque, las piezas rectas y los diseños mono-tonos, vió cómo su firma se quedaba sin ella. En Prada buscaron un nuevo creativo y resultó ser Raf Simons.

La crítica ha celebrado un desfile que trata sobre el volumen junto con los clásicos de la firma. Es un jardín japonés en el que las flores, de vivos colores, son sobrias y sofisticadas en vez de explosivas o sensuales y sinuosas. Se trata de calas, de lirios e, incluso, de nenúfares pero no hay ni rosas, ni claveles ni hortensias.

Si me gustan los ingleses es porque tienen expresiones como “ok, this is not my cup of tea”. Exactamente, eso es lo que siento cuando veo estos desfiles. No son mi punto fuerte, más bien al contrario, no acabo de encontrar esa cosa de Miuccia Prada de buscar algo feo y encontrar lo bello o de explorar la pureza de líneas en lo más fundamental.

Bueno, el desfile es estupendo. Es un jardín precioso. Muy sofisticado. Si Holly Golightly se paseara ahora por Manhattan, podría ir vestida de esta colección. Es el nuevo Givenchy, en cierta forma. Es un jarrón con flores de papel, en volumen del viejo arte japonés combinado con lo sofisticado y lo absurdo -¿por qué no?- de la moda.

Pero es cierto. John Galliano veía flores en invierno y Raf Simons ve flores en verano. Ve flores del té hechas arrebatar de colores pero que se mantienen solemnes. Rectas como juncos. Imperturbables. De agua. De aire pero no de fuego…

Como cuando Lacroix cerró -qué pronto olvidamos- uno se pregunta lo mismo. A los editores les encanta, los críticos aplauden, los fashionistas asienten con la cabeza al ritmo de los tacones, las prendas son ponibles, estilosas, combinables, son perfectamente aptas fuera del juego de las pasarelas pero nunca aparecen en el mundo de la moda. Balmain en cambio…

Hay veces que se ponen pegas a las colecciones. Se dice: en Prada no hay trajes de noche, no hay glamour. En Comme des garçons no hay prendas ponibles y Marc Jacobs acierta la mtiad de las veces y se equivoca estrepitosamente el otro cincuenta por ciento; Alexander McQueen sería un genio pero no puede ir uno de McQueen y Alexander Wang de verdad que debería irse a casa porque ¿roer camisetas?. Eso ni “lo puede hacer mi hijo de cinco años como tu jodido Pollock”.
Bueno, ya la han aplaudido.
Pero, ¿los que van a morir te saludan, Oh César?

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