Las Piernas De Helmut Newton

Me resulta chocante que la gente en general piense que Helmut Newton es un fotógrafo machista, que retrata a la mujer como un objeto sexual, generalmente maltratado, ocasionalmente sumiso. Eso me recuerda a la teoría de Kant de que el arte no es contemplado nunca por un ojo objetivo si no por ojos muy subjetivos que hacen que la interpretación de Fulanita y la de Menganito del mismo objeto sea radicalmente diferente. Los griegos, en eso, eran mucho, mucho más ingenuos.
Sí es cierto, sin embargo, que Helmut Newton estaba obsesionado con las mujeres y que en muchas de sus fotos hace remedos de prostitutas o fotografía a ilusiones de prostitutas. Sin embargo, me resulta difícil vincular la imagen de Newton de la mujer a la de la debilidad. Esto me parece especialmente patente en el tratamiento que Newton hace de las partes de las mujeres en las que, como a todas las modelos, sin duda, cosifica. Es difícil fotografiar un brazo sin cuerpo, un ojo sin cara, un pie sin piernas… y que no parezca lo que es, al fin y al cabo, carne. 
No obstante, Helmut Newton, en su estilo personal -ese que le hace fotografíar a una chica desnuda delante de su nueva cocina porque cree que nadie querrá mirar su bonita cocina de maderita sin una chica sin ropa sobre ella- consigue que esos miembros deslavazados y, en principio, sin identidad, sean propiedad de alguien con una actitud vital imponente. Todas las mujeres de Newton, las putas, las buscavidas, las lesbianas en busca de un arreglo, las asesinas, las aficionadas al bondage, las maltratadoras psicológicas, las valkirias, las millonarias aburridas que se distraen viviendo películas de Buñuel en las que se prostituyen no son sino realidades tangibles y concretas: seres que nunca son maltratadas sino adoradas.

Abrirse de piernas es una expresión vulgar y que encuentro ofensiva. Las mujeres que “se abren de piernas “siempre se me han parecido como violadas o prostituidas. Sin embargo, cuando veo los juegos de piernas de Helmut Newton, su obsesión por la cadera hacia delante, las piernas abiertas, el sexo descubierto y, en muchas ocasiones, a su mujer predispuesta para el exhibicionismo o la masturbación, sólo veo poder. Poder en un par de piernas. Por eso mismo inventaron el amor, para vender medias. Qué bonitas. Siempre hay que fijarse en las piernas de una mujer. Siempre.


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