Las Princesas Y El Buen Hacer
Se ha casado la futura reina de Suecia –si es que no gana la república antes, como en España- y se ha disfrutado de las apariciones de la sangre azul, de la sangre mestiza por matrimonio que debe ser púrpura -!anda, como la República!- y de la sangre roja de la élite social. Todas muy refinadas y muy princesas. Regias como dicen los porteños, que me gusta más.

El evento en sí, como las puestas de largo en París, es de los que se espera una hipérbole de tafetanes y sedas, de galas, de coronas de diamantes, de tiaras reales, de títulos nobiliarios y de esplendor de ese del viejo Continente -la buena Europa, esa que Zeus el muy bribón poseyó como Toro blanco- y en un alarde de hispanidad, de fiesta nacional, de tradición y de buen hacer aparecen en el teatro sueco los miembros de la familia real española y Letizia acapara miradas.
Pero, es la Infanta Elena aquella que casada con Marichalar –muy noble de Soria él– convierte a Elena de Borbón antaño disparate trenzado como Yocasta pero sin alfileres de oro que clavarle en los ojos en una mujer chic refinada, que lleva Lacroix en las Alfombras Rojas familiares -que también en la realeza son las bodas- y que de vez en cuando se decanta por Chanel, cuelga algún Valentino en el armario y usa algún Dior pero, más Lacroix.
El Lacroix ese de colores imposibles y cortes barrocos, como España. Mujeres brillantes, ruidosas, de esas “que ríen como llora Chabela” y que saben a tierra, a vino y a pasión más que a moda pero que son moda y vida en letras mayúsculas. Y la Infanta Elena está radiante en esas prendas.
Pero, he aquí el dilema del siglo de Oro español que el Barroco ese lustroso siempre acaba en decadencia y que lo lleno acaba en vacúo y lo alegre en drama y llega el tocar fondo. Divorcio –donde fueres haz lo que vieres– y el fin de Lacroix dejan al mundo (de la moda ¿?) un poco más oscuro y un poco menos genial y al universo monárquico español un poco más cercano al pueblo –ay, las estatuas no deben ser de carne dicen porque los dioses son dioses y los hombres hombres y al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios– y Elena, sin Lacroix, sin componer y sin novio no se sabe uno qué va a hacer con su vida (estética, sí sí sí).
Y cuando tiros largos exige el protocolo se viste de Lorenzo Caprile, con uno de los mejores cortes de falda que he visto en años, y nos dice que sí, que para qué nos vamos a engañar, que Spain is different y, en este caso, para mejor. Torera de arriba España toda Goyesca, vestido que es capote, capa, sangre grana española y cultura real y sangre borbona de esa francesa tan española que ama las corridas de toro, la sangre, el rojo, el vino, la pasión y la vida.
Y qué bonitos son los cuentos de princesas.
Aunque los escriban republicanos.
Y qué bonito es San Manuel Bueno, Mártir aunque sea sin fe pero, con un Dios que no lleva el mazo dando.
Unifica un poco eso del dorado y grana.
Aunque ya saben ustedes, que España es republicana.
Aunque, a veces, menos que otras.
Y suenan pasodobles aunque sea en Suecia.
Joder.
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- Date:
- 06.21.10 / 5pm
- Category:
- blogs de moda

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