Reivindicando el placer de la merienda

La merienda es una de esas adorables costumbres que nunca deberíamos perder. Vale que ya no estemos para que nos recojan a las cinco con un bocata envuelto en papel albal (que tampoco estaría mal), pero el tentempié se puede adaptar. 
Luchando por no perder las mejores rutinas, Madrid está plagado de cafés, saloncitos y jardines desde donde –tarta en mano- reivindicar este deleite de media tarde. La lista es inmensa y, lo mejor, crece cada día, pero yo hoy he recopilado mis favoritos. Porque, ¿acaso se os ocurre un remate mejor de tarde de compras que una taza de té, una buena porción de pastel y una ración de risas? 
Café del jardín
Café del Jardín (San Mateo, 13) 
Escondido en el patio interior del Museo del Romanticismo, este rinconcito se viste de gala con la llegada del buen tiempo. Un oasis en mitad de la ciudad para escapar unos minutos del mundanal ruido. Además, siempre hay alguna tarta nueva que te sorprende. Lo mejor, dejarse aconsejar. 
Buenas y Santas (Bolívar, 9 y San Bernardo, 85) 
Mucho mejor el local de Bolívar, en Legazpi, para disfrutar de una tarta (o un trozo de quiche) después de dar un paseo por Madrid Río. Comida casera argentina, dulces, zumos naturales…
Vailima
Vailima (General Pardiñas, 54) 
Una tranquila tetería en la que acompañar una buena taza de té con los dulces franceses más exquisitos. Además, en la tiendecita de la entrada podrás comprar para llevarte a casa más de 120 variedades de té. 
Café de la Luz
Café de la luz (Puebla, 8) 
Imposible no sentirse como en casa en este saloncito medio destartalado que combina el encanto de lo antiguo con un trato insuperable. 
Mallorca (Serrano, 6; Goya, 6; Velázquez, 59; Alberto Alcocer, 48; Bravo Murillo, 7…) 
Tampoco podían faltar las míticas pastelerías madrileñas porque aquí aprendí hace muchos años que la merienda puede ser un verdadero placer. Chocolate, croissants de mantequilla y en la mesa de al lado un grupo de señoronas con abrigo de visón (no importa que haya llegado la primavera). 
Harina
(H)arina (Pza. Independencia, 10; Fuencarral, 42; Corte Inglés Castellana y Callao) 
Para merendar con vistas a la Puerta de Alcalá o a la Gran Vía -desde su recién inaugurado corner en el espacio Gourmet de El Corte Inglés de Callao. 
Mamá Framboise (Fernando VI, 23) 
Un poco ruidoso y normalmente hasta arriba, pero sus pastelitos, sus tartas y sus tartaletas deberían ser pecado (¡oh, tarta de chocolate!).
Motha
Motha (Santa María, 39) 
Comida ecológica y casera. Lo que quiere decir que si pasas una tarde merendando no pararás de ver salir de su horno bandejas y bandejas con bollos recién hechos, panecillos… Y claro, se entra en bucle. Imposible parar de pedir. Delicioso. 
Oita Café
Oita Café (Hortaleza, 30) 
Con menos de un año de vida, este café de la calle Hortaleza se llena hasta los topes a la hora de la merienda. No me extraña. Si tienes mucha mucha suerte, ahora que regresa el buen tiempo, busca la mesa que está en la puerta, para disfrutar del espectáculo de ver la gente pasar. 
Delic
Delic (Costanilla de San Andrés, 14) 
Mejor llegar y dejarse recomendar, porque si te acercas a su mostrador y descubres la cantidad de tartas que tienen, no serás capaz de decidir. Avisados estáis. Lo más interesante de este rincón es que puedes acompañar el pastel con un mojito y si ya es en la terraza… ¡mejor imposible! 
Margó salón de té (María de Molina, 5) 
De verdad que no sé por qué no había descubierto esto antes. Un salón de té de lo más coqueto con una carta de dulces que te deja sin saber por dónde empezar. 
La vaquería suiza (Blanca de Navarra, 8) 
Escondido en una calle llena de encanto, es uno de los lugares preferidos para desayunar por las voguettes (y es que Condé Nast está a un par de manzanas). 
Living in London (Santa Engracia, 4) 
Al estilo de los salones de té con más encanto de la capital británica, este pequeño local ofrece sándwiches, scones, pasteles… Un clásico ya de las meriendas en Madrid. 
Pomme Sucre (Barquillo, 49) 
Sus croissants son ya míticos (y si lo son, es por algo). Detrás de estos irresistibles pecados de alta pastelería está Julio Blanco, alumno aventajado de Paco Torreblanca. Solo hay un par de mesas chiquititas, así que hay que tener mucha suerte para sentarse. Pero ahora que llega el buen tiempo merendar en un parque tampoco es mal plan. 
Cacao Sampaka
Cacao Sampaka (Orellana, 4)
Merendar en Cacao Sampaka quiere decir (y no hay excusa que valga) merendar chocolate con chocolate. Es decir, alguno de sus bollitos mojado en una buena taza de chocolate del de verdad (tan espeso que casi se puede masticar). Mmm… 
  

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