Roma, Ciudad Abierta

Con Roma me pasa como con algunas mujeres. Es una puta y una diosa. Vaya. Vaya. Pero suele ser como una madre. Se cae a pedazos pero es grandiosa, y en su decadencia, tiene más esplendor que los espléndidos. En su sabor añejo es mejor que lo más antiguo y en su modernidad, es mejor que lo más rupturista. Tiene ese gesto de contención y altivez de las reinas. De las viudas. De las madres. De las ricas. Y de las pobres. De las que mendigan. Y de las hechiceras.

Y en su grandeza es irreverente.

El coliseo y un trocito de melón.


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