Rouge De Armani

La campaña de Armani es tremendamente oriental. Si Rei Kawakubo hablaba de la hermosura de la pobreza consciente, Armani pone sus ojos en el lujo.

El lujo, en Oriente, se relaciona íntimamente con los tonos que predominan en la campaña de Armani: rojo, negro y blanco.


El negro es el símbolo de lo perfecto, como por ejemplo el cinturón negro es el más alto. Y el blanco de luto. El rojo es vida en casi todos los idiomas y pasión y sangre.


De alguna forma: rojo, negro y blanco se relacionan por los lazos de la vida y de la muerte muy íntimamente.


Los griegos pensaban que el rojo de la sangre es el rojo de la vida y de la muerte, alimento de los dioses y sacrificio supremo, a más sangre, mejor. El rojo es sangre que acaba la vida y sangre que la inicia. Incluso sangre de vida frustrada, por ejemplo en el proceso menstrual femenino. Y, si me apuran, la sangre de las guerras es la de la generación perdida.


El negro en Occidente se considera, a veces, color de luto y otras no. En la oscuridad nacemos, en la oscruidad soñamos y en la oscuridad morimos. Me temo.

Pero, también en la luz. El blanco es luto en Oriente, virginidad y alegría en Occidente. Pureza sin duda. De vida y de muerte. Blanca paloma y la negra parca. Pero de espíritu.


La campaña de Armani tiene ese tono místico de las pinturas orientales, de esos dibujos que dan sensación de movimiento porque se trazan con la máxima quietud. Siempre veo el río rojo de la vida transportada en sangre, la muerte esperando con la vida de la mano y mientras tanto, una casa, un árbol en glor, unas montañas o el Sol.

Y, a veces, un poco de magia. Verde jade de dragón.


No somos consciente de las historias que nos cuentan los sentidos.
Armani saca a sus mujeres del frío del último encuentro y el calor del primer amor.


De la riqueza de la pobreza y la pobreza del rico.

Y, del rojo, que es el color de la fuerza.
Y del negro que es el color de la vida.
Y del blanco que es el color de la muerte.
¿O era al revés?


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