SE ALQUILA…
Mi hermano pequeño se independiza.

Bueno, a lo mejor antes de seguir con el post debería aclarar que mi hermano “pequeño” tiene 21 añazos camino de los 22 y le da vuelta y media en cuanto a desenvoltura a muchos treintañeros.
Lo verdaderamente relevante del asunto es que mi queridísimo brother ha tenido que buscar apartamento por primera vez en su vida, y la peripecia me ha hecho rememorar aquellos tiempos en que mi hermana y yo buscábamos, como Tarzán y Su Puta Madre piso… en Madrid.
Buscar piso –de alquiler- es una peripecia digna de un libro, pero como no tengo ni tiempo ni talento lo resumiré en un post. Básicamente, buscar una casa habitable, a un precio razonable, en medio de cualquier urbe de tamaño superior a los 10.000 habitantes y cuyo estado no nos haga recordar un holocausto zombie es lo más parecido a buscar el Santo Grial: muchos lo han intentado, algunos creen que lo han conseguido… pero casi ninguno ha regresado vivo para contarlo.
Recuerdo con estupor que el año en que me puse a buscar piso en mi periplo madrileño –agonizaba el siglo XX y aún pagábamos en pesetas-, probé suerte bajando a por el Segunda Mano a eso de las 08.30 de la mañana. Cogía el periódico, marcaba los anuncios que me resultaban interesantes, y me ponía a llamar. Al principio esperaba hasta las 09.30 de la mañana porque mi sentido común me indicaba que llamar antes a una persona humana era, más que de mal gusto, delictivo… después me di cuenta de que yo era la única persona que buscaba piso guiándome por el sentido común y no por el instinto de supervivencia: o sea, sálvese quien pueda.
Así que cambié de estrategia: bajaba al kiosko a las 06.30 (porque no abría antes) y comenzaba a llamar antes de que el reloj marcase las 07.30: “Ay, lo siento, ¿le he despertado? Pues es que llamaba por el anuncio de alquiler”.
Con el tiempo y la práctica aprendes que el lenguaje inmobiliario tiene sus propias normas, y un vocabulario especialmente particular en el que leer entre lineas es, más que recomendable, completamente imprescindible:
“Piso céntrico ideal parejas” = apartamento en medio de una calle mega ruidosa donde caben dos que se quieran mucho, mucho, mucho, y que no tengan intención de discutir jamás, porque no tendrán espacio.
“Distribución clásica” = Tiene más habitaciones italianas (o venecianas) que ventanas.
“Salón comedor en dos alturas” = Hay un escalón en medio de la sala que, como no lo señalices son las balizas de los aviones, te metes una hostia cada vez que trates de ir de un lado a otro.
“Abuhardillado, zona Austrias” = En el dormitorio no cabes de pie ni aunque midas 1.50m.
“Edificio tradicional en la zona centro, de construcción clásica” = Es una corrala donde el baño está en el pasillo y lo más parecido a una ventana es un pequeño respiradero sobre la cama.
Y esto sólo por poner unos cuantos ejemplos, porque podría seguir…
En la zona de Moncloa vi un apartamento que tenía el baño en la cocina, separado del fregadero y de los fogones por un biombo de madera… muy práctico, porque así puedes calentar la leche por las mañanas mientras haces pis leyendo el periódico. Todo en uno, oye.
En Fuencarral me enseñaron uno que no tenía baño. El lavabo, comunitario, estaba en el pasillo. Era común a toda la planta –un segundo-… y no tenía más que wc y lavabos. Cuando pregunté por la ducha el casero me espetó en la cara que “mujer, ducharse no es imprescindible”. Pedían por el la friolera de 60.000 pesetas al mes (de las de entonces).
Topé incluso con algunas agencias que me cobraban 5.000 pesetas mensuales por enseñarme pisos presuntamente en exclusiva que luego encontraba yo misma anunciados en la sección inmobiliaria de cualquier diario.
Fue precisamente una de esas agencias la que me puso en contacto con un presunto casero que alquilaba un apartamento –dos habitaciones, salón, cocina, baño, amueblado, completamente equipado- en la zona de Moncloa… estaba forrado de madera de arriba abajo. Hasta los sillones eran de madera. Evidentemente quedaba prohibido colgar nada de nada en las paredes, y, por supuesto, no se podía mover ni un mueble de su sitio ni para pasar el mocho. Eso sí, la traca final llegó cuando el individuo en cuestión me preguntó si yo salía de la ducha en toalla o en albornoz “te lo digo porque por la ventana del baño se ve todo, así que te recomiendo que te compres un albornoz”. Por si quedaban dudas, ese tampoco lo alquilamos.
Mi búsqueda de piso en Coruña fue más sencilla, aunque vi también algún caso denunciable –apartamentos de menos de 25m2 por más de 400 euros al mes donde el suelo estaba inclinado-, pero tarde poco en encontrar el piso donde aún hoy vivimos. Céntrico, ni grande ni pequeño, bonito y luminoso. Me enamoré nada más verlo. Tiene sus defectos, sí, pero me gusta mi casa.
Y me gusta también la de mi hermano. Un apartamento pequeño y acogedor muy cerca del mío que quedará de lujo en cuanto terminemos de darle “el toque”. Eso sí, demasiado rápido y eficaz me ha parecido esta búsqueda inmobiliaria… a lo mejor es que los tiempos han cambiado y encontrar piso ahora se hace más sencillo y asequible…
Yo, por si acaso, voy a aprovechar mi bitácora internáutica para comunicaros que en breve mis hermanos y yo pondremos en alquiler la que fue la casa familiar: céntrico, amueblado, piso en perfecto estado ideal familias. Preguntar por Si Es Que Así No Se Puede.
Information About Article
- Date:
- 09.22.09 / 6pm
- Category:
- blogs de moda
Nie mozna komentowac tego postu
Comments Are Blocked, sorry.