Seda En 35 Milímetros

Hay gente que colecciona finales de película, otra que colecciona personajes y, otra que colecciona recuerdos. Recuerdos, qué importantes y qué olvidados están en nuestras vidas. Hay gente que colecciona últimas miradas, primeros besos y atardeceres. Otros coleccionan risas estruendosas, monedas de diferentes países y pares de zapatos. Conozco a quien colecciona entradas de cine, las guarda todas religiosamente para “no olvidar” y, a quien colecciona Biblias. Y, no, no me refiero a Vogue. Pero, en diez días, nosotros –Aldo y the Tiffany´s girl- diseccionaremos la seda de veinte películas.

Porque, en el cine, los diálogos son iguales que el vestuario. Hay personajes que son mucho más interesantes por lo que no dicen que por lo que dicen, y hay que aprender a escuchar el silencio. Al fin y al cabo, el cine es como la vida real. Y porque las femmes fatales suelen vestir de negro y beber champgne…

Por eso, si los personajes coleccionan caracterizaciones, nosotros coleccionamos identidades. Por eso, el cine no volvió a ser el mismo tras el vestido negro de Gilda, la falda blanca en el metro gaseosa de Marylin o la discreta elegancia de Cary Grant. Porque los detectives llevan gabardina y los tipos duros acaban bailando. Porque las parejas se aman en un aeropuerto y los taxis sólo son de color amarillo.

Porque, hay películas que no acaban cuando llega el The End. Y, porque, ¿cuántos motivos necesitas para hacer algo?


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