Westwood Y Watteau

En 1995-96, Vivianne Westwood se inspiró en el rococó francés para su colección. El artista en el que centró su trabajo fue, cómo no, Watteau. Junto con Boucher, este artista representó como ninguno -¿y Chardin?- el espíritu del XVIII francés ilustrado por Luis XIV, XV y un poco del XVI. El rococó trajo una nueva forma de ver la vida: más cómoda. Se alejaron de Versalles todos los aristócratas franceses porque tenía una etiqueta muy rígida y muy fría y optaron por despreciar el nuevo clasicismo de Bernini y del Barroco y por preferir los muebles llenos de dorados y cajones, los vestidos de escote bajo, los cuadros de escenas galantes -y con un puntito erótico- y las charlas los jueves en casa de Madame la Comtesse.
El rococó que la Westwood ilustró en este traje de Linda Evangelista es más impactante que el auténtico rococó, más en la línea de los colores pastel, de las medias sonrisas y de los amoríos discretos. La donna que la inglesa aficionada a los polisones y a los corsés refleja es algo más agresiva, más impresionante. No tiene que ver con la ternura de Maria Antonieta jugando con sus corderos en el Trianon… sino que tiene más bien que ver con una nueva femimeidad que también trajo el rococó.
No fue la única la inglesa a quien le fascinaron los pintores para sus obras, Balenciaga también se inspiró en Lautrec, otro francés, de imaginario algo distinto.


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