Y Si No Puedes Inventar, Al Menos Copia Bien

Muchos dicen que todo está inventado. Llevan razón. Las cosas no son siempre de primera mano y para que una tendencia se consolide, el autor visionario la ve plagiada. Si bien es cierto que los ecos de Balmain o de Gucci entremezclados con desaires de Balenciaga y conceptual ¿conceptual? desgarrones de Alexander Wang están en todos los desfiles, a veces una marca parece hacerse eco de los hits de la temporada en una colección.

Otra vez, la fina línea entre inspiración y plaigo se vuelve a hacer patente. Si las chicas enfundadas en minivestidos brillantes con tacones que las amarran al más puro estilo sadomasoquista no son patrimonio de Balmain, de alguna forma, si que resuenan a la firma francesa que ahora ha entremezclado su legado con las pesadillas disco de Michael Jackson y el brillo de Studio 54 con fecha de caducidad en 2010.

Si el pecho apretado y la cadera marcada no eran patrimonio de Versace, resuenan los ecos de glamoamazona sexual e hiperatractiva que si no es una devorahombre, lo parece.

Si el streetstyle chic de The Sartorialist entremezclado con las féminas eclécticas de Garance Doré laten en Isabel Marant, también laten en este Pucci entremezclado con vetas de diferentes marcas que, en ningún caso, le confieren identidad.

Y tampoco la gracia de D&G de putas y señoras, de pescado y flores y de cine cittá convive con el Cavalli – living the party forever – de Pucci. Pucci es un extraño filtro en el que se han deslizado armarios soñados por voguettes.

Pero qué voguettes. Saben lo que quieren. Zapatitos del viejo arte del bondage entre sexys y jodientes. Vestiditos que dejan ver su cuerpo muerto de hambre y actualizado. Ya no es carretera regional, es autovía por la carencia de curvas. El pelo sin peinar y peinado. Los bolsos, brillantitos, gigantes, diminutos, ridículos. Las chaquetitas sobre shorts y las plumas entremezcladas con aires rock en decadencia. Qué voguettes…

Y, la verdad, es que no es ningún crimen. Al final, ellas están guapas. Y a la moda. Salen en el Streetyle y consiguen huecos en el front row con un par de prendas gratis en el idilio -corto- pero idilio de la moda en Internet.

Y Pucci, con suerte, una portada y un par de editoriales. Más ventas y un director que si no es un genio, vende. Y, amigos, eso es lo que importa. Venta, venta, venta. ¿Qué dinero ni que niño muerto? Venta Venta VENTA.

Pero esto no es un invento de hoy. El New Look de Dior nació de la copia de una pasarela de la temporada anterior que Christian Dior vio y se inspiró. En los cuarenta, estaba de moda lanzar con fuerza una tendencia que en otra firma la temporada anterior había pasado desapercibida.

Decían que era porque así la retina se acostumbra, se sorprende pero no se sobrecarga a shocks de novedades e irreverencias.

Y, si no es el mejor método, a veces, tiene perlitas. Aunque sean amarillas.

Information About Article